La evolución demográfica con una pirámide invertida que lleva años acusando el aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad ya ha hecho que España haya entrado en una nueva era que obliga a plantear cuestiones tan básicas como la hucha de las pensiones, el cambio en los hábitos de consumo y hasta el mercado laboral. Hace algún tiempo que la jubilación ha dejado de ser el punto final de la vida económica: una persona que se retire del mercado laboral con 65 años aún puede vivir otras dos o tres décadas, con las necesidades de consumo, ocio, vivienda, salud y hasta cuidado que ello conlleva, muy diferentes además a la de generaciones anteriores.La conocida como 'silver economy', un ecosistema de actividades económicas, productos y servicios orientados a las personas de más de 50 años, ya hace frente, por ejemplo, a la jubilación masiva de la generación del 'baby boom'. Entre 2025 y hasta 2045 se espera que el número de pensionistas se eleve desde los 10,4 millones hasta los 17 millones. En paralelo, y según el Informe Realidad Migratoria en España, elaborado por el Consejo Económico y Social (CES) España necesita incorporar en la próxima década a 2,4 millones de trabajadores para mantener el nivel de productividad. Teniendo en cuenta cómo y cuánto va a disminuir la población autóctona en edad de trabajar en la próxima década, el estudio prevé que la mayoría de dichos empleos serán ocupados por inmigrantes, un colectivo "esencial" para cubrir la demanda.
La 'silver economy', o como el envejecimiento en España abre la puerta a un mercado laboral que recibirá el 1,8% del PIB
La evolución demográfica con una pirámide invertida que lleva años acusando el aumento de la esperanza de vida y la baja natalidad ya ha hecho que España haya entrado en una nueva era que obliga a plantear cuestiones tan básicas como la hucha de las pensiones, el cambio en los hábitos de consumo y hasta el mercado laboral. Hace algún tiempo que la jubilación ha dejado de ser el punto final de la vida económica: una persona que se retire del mercado laboral con 65 años aún puede vivir otras dos o tres décadas, con las necesidades de consumo, ocio, vivienda, salud y hasta cuidado que ello conlleva, muy diferentes además a la de generaciones anteriores.







