Según los datos de Eurostat difundidos hace unos días, la carrera laboral de los españoles sigue alargándose. Un trabajador promedio que comience ahora a trabajar seguirá haciéndolo durante 36,8 años, una cifra casi dos años superior a la de quien comenzó hace una década. Hay varias razones que lo explican, pero una de las más relevantes es la reforma de las pensiones de 2011 que elevó la edad de jubilación a los 67 años. Aquella reforma, que se aplica gradualmente hasta 2027, obliga a los españoles a trabajar durante más tiempo de su vida para, según se argumentó cuando se aprobó, mejorar la sostenibilidad de las pensiones.
Hace menos de un mes, el gobierno conservador de Alemania propuso que sus ciudadanos se jubilen a los 70 años, una cifra que teóricamente está vinculada al incremento de la esperanza de vida. La idea es que, ya que vivimos durante más tiempo gracias a los avances médicos y sociales, también “debemos” trabajar durante más tiempo; y, de paso, así evitamos gastar tanto en pensiones. Ese argumento es también el que se usó para la reforma española, y está presente siempre en los debates sobre “generosidad de las pensiones”. De hecho, también lo usó el think-tank Círculo de Empresarios cuando en 2023 propuso elevar la edad de jubilación hasta los 72 años y, aunque sin cuantificar, es habitual leerlo en los informes del Banco de España, CEOE o de instituciones privadas como FEDEA.









