A veces la casualidad se confunde con la predestinaci�n o a esa gracia que se le atribuye a los profetas. Jaime Campmany ten�a sobre todo el don de la escritura y simplemente lo vio venir. Su �ltimo libro, Zapatiesta Zapatero, lo public� La Esfera poco despu�s de su muerte, en 2005. All� escrib�a: "Para los columnistas, Zapatero es una fiesta continua, aunque con �l en Moncloa nos quedemos descalzos". Han pasado m�s de 20 a�os desde aquellos art�culos y el retru�cano con el apellido del expresidente se sigue prestando al chiste. Ni descalzo ni descamisado, sino con una caja llena de joyas que valen dos millones. Y eso es s�lo el principio.Parad�jicamente, los hijos de Campmany escribieron en los art�culos que le dedicaron que su padre no cre�a en la inmortalidad. "S�lo ansiaba quedarse en el recuerdo de sus amigos". La posteridad "de uno de los m�s grandes periodistas, de un poeta vestido de diario" (escribe su hija Laura) era otra cosa.Al morir Gonz�lez-Ruano, cuando Campmany estaba en Roma, se pas� toda una noche escribiendo C�sar o nada, la esquela literaria del "maestro de tantos aunque reconocido por tan pocos. Amanec�a en el Trastevere cuando llam� a Conchita y le dijo: "Ponme un caf�, que acabo de ganar el Cavia". Con Conchita siempre era as�. Era su otra mitad de la mariposa, por hacer un gui�o al t�tulo de una de sus novelas, aunque un espa�olazo, o mejor a�n, un murciano, habr�a preferido seguramente una media naranja o ese medio pastel de carne que tanto gusta a la viuda de don Jaime, que a�n vive la ausencia de su marido en aquel piso de la Castellana que fue escenario de tantas intrigas, episodios nacionales y miserias auton�micas."Indecente", "sucia"Como la que describe su amigo Javier G�mez de Lia�o: "Nos conocimos en la primavera de 1996, en un almuerzo al que, invitados por �l, asistimos Baltasar Garz�n y yo. La segunda vez que coincidimos fue durante una cena, celebrada en su casa, el 29 de junio de 1996. All� est�bamos, con �l como anfitri�n, Camilo Jos� Cela y Vicente Cebri�n, padre de Juan Luis Cebri�n, y un servidor. Me pareci� un tr�o de hombres de bien. Tres mentes sabias y serenas; tres se�ores de la vida y de la palabra. Despu�s, tras el caso Sogecable y mi condena a manos de un par de togas m�s que sospechosas, aquella amistad fragu�. Cuando la amistad, lo mismo que el amor, se hace minuto a minuto, coci�ndose a fuego lento, es para toda la eternidad".Jaime Campmany (1925-2005) fue uno de los columnistas de referencia del siglo XX, heredero de la s�tira po�tica de Quevedo, G�ngora y Villamediana. Astuto, ir�nico, cult�simo y tambi�n, por supuesto, ladino, estuvo siempre escoltado por Conchita, su mujer, que lo acompa�� en las letras y en la vida. Se refiere as� a la novela de su marido que m�s vendi�: "El pecado de los dioses, la novela esa tan subida de tono, la escribi� en 29 d�as. Ten�a una facilidad pasmosa". Pero lo de "indecente" o "sucia" es injusto: aquel libro -el primero de la trilog�a sobre el lago Maggiore- tiene frases formidables, como lo era Vittoria, la desgraciada protagonista enamorada de su hermano. Entre las cosas que Conchita guarda con m�s cari�o est� un billetito que Azor�n le pas� al columnista: "Cada vez escribe usted con m�s garbo". Ten�a raz�n. A los que aprendimos a leer peri�dicos con el ABC de Ans�n a�n se nos escapa la risa cuando recordamos su columna diaria. Un plagio: her�a sin sangre, mataba sin herir, afrentaba sin ofender la intimidad, toreaba y, si hab�a que apuntillar, lo hac�a con versos de pie quebrado.S�, Campmany fue un sibarita para la ropa, las comidas, los coches y los amigos. Hasta que muri�. Joven, a los 80. "Sus pulmones de flor superviviente, de antiguo fumador, de ola de barro". Otra vez la poes�a de su hija Laura. Los lectores a�n echan de menos "su co�a zumbona de murciano".Vega siciliaPeriodista y escritor, estudi� adem�s Derecho y Filosof�a y Letras. Empez� en el diario L�nea, en su Murcia natal, y despu�s se mud� a Madrid, donde, como otros tantos, hizo carrera en Arriba, aunque antes hab�a pasado por La Hora, Alcal�, Juventud, Poes�a Espa�ola... Fue corresponsal de la agencia Pyresa en Roma, adonde se march� ya casado con Conchita (de soltera Concepci�n Bermejo), con la que form� un matrimonio all'italiana con reminiscencias de la huerta y de Gald�s, y del que nacieron tres hijos: Emilio, Beatriz y Laura.En Italia encontraron una segunda patria espiritual de la que ya nunca abjurar�an. Tampoco en la mesa. La �ltima vez que estuve con Conchita nos sirvi� una botella de Vega Sicilia -todav�a del cupo que compraba Jaime- y una de las mejores pastas que he tomado nunca. [Y los que leen este peri�dico saben lo que me gusta comer].Desde 1977 y hasta su muerte escribi� su columna, Escenas pol�ticas, en ABC. La �ltima la firm� pocas horas antes de morir. Nuestro Jos� Luis Mart�n Prieto escribi� unas l�neas m�s hermosas e informadas de las que podr�a escribir cualquiera que no lo hubiera conocido: "Lo conoc�, yo de jovencito, en el diario Arriba, del que fue ef�mero director, cuando estaba muy delgado y cubr�a sus ojos achinados con unas sempiternas gafas verdes que le hac�an a�n m�s inescrutable. Ya escrib�a una pajarita diaria (un s�mbolo unamuniano) tan le�da como pol�mica, y temida, porque siempre tuvo arrestos y un d�a se mofaba del tartufismo del Opus Dei (entonces decisivamente influyente) y al otro se mofaba de la monarqu�a porque siempre fue un republicano irredento. Tontos, malvados y arrepentidos oportunistas le quisieron estampillar de fascista, a lo que �l siempre respondi� con iron�a, sarcasmo y la prosa quevediana en la que era maestro indiscutible. Si lo acusaban de haber vestido los correajes falangistas respond�a que tendr�a que hab�rselos sujetado a los cojoncillos pelados e imp�beres, porque tuvo la suerte de no tener edad ni en la Guerra Civil ni en su posguerra para participar en las canalladas de ambos bandos fratricidas".En 1985 fund� �poca, justo en la edad de oro de las revistas, cuando se mezclaban alta pol�tica, bajas pasiones, humor y buenas plumas. All� escribi� todo el periodismo que se enfrentaba a Jes�s del Gran Poder, que era como llamaban a Polanco, aunque m�s tarde el tiempo y S�nchez han colocado a muchos en el mismo bando. Luis Herrero fue su primer redactor jefe, y por sus p�ginas pasaron Pilar Urbano, Ricardo de la Cierva, Ram�n Pi, Alfonso Uss�a, Federico, Drag�, Mart�n Ferrand, Mart�n Prieto y Mari�as -con su Vida en rosa de las �ltimas p�ginas-, adem�s de las vi�etas de Mingote y Summers.Por su af�n de editor y su ambici�n de historiar sus respectivas naciones llegaron a compararlo con Indro Montanelli. Cuenta G�mez de Lia�o que dej� inconcluso El romancero de la historia de Espa�a, del que s�lo pudo publicarse la primera entrega, De Atapuerca a los Reyes Cat�licos. Y al mismo tiempo que brotaban los romances, en �poca se contaba la cr�nica de la debacle socialista. Hoy los gonzalones se nos hacen plastilina frente al hierro descarado de S�nchez y Bola�os. S�lo algunos ejemplo de aquellas portadas. La dama del rumor (sobre Marta Gay� en 1992), El clan Guerra (1989)... Cuenta G�mez de Lia�o que sufri� mucho con alguna portada sobre el Rey. No por mon�rquico y adulador sino porque le pod�a traer problemas. Al mismo tiempo, claro, formaba parte de ese equipo de La Ma�ana de la Cope que desconoc�a pleites�as y meapilismos. La revista italiano Novella 2000 las acababa de publicar aunque eran de 1989. Este Romance del Rey en bolas fue recitado por Campmany en Cope el 19 de mayo de 1995. Entonces la �nica barra libre era la del Borb�n. "(...) Ad�n sin hoja de parra,/ in p�ribus, en pelota/ viva o pelota picada,/ con el bolo a la intemperie/ y sin cubrir la mindanga,/ como su madre lo puso/ en este valle de l�grimas/ el rey Juan Carlos Primero/ bajo Febo se solaza".Y entre medias, las columnas sobre los veranos en Belgirate, en la orilla piamontesa del lago Maggiore. Con las oportunas apariciones del doctor Occhipinti, el m�dico que se inventaron Conchita y Jaime y que se hizo tan famoso que llamaban a casa pidiendo su tel�fono para que pontificara en prestigiosos congresos.Romances y huevosTodo esto lo cuenta Conchita con mucha gracia, mientras explica lo que era convivir con Jaime, que era lo mismo que Campmany. Que hab�a que hac�rselo todo: desde moverle el caf� a otra mesa a dos metros hasta organizarle la vida. Porque �l se dedicaba a escribir romances en el hotel Majestic de Cannes mientras desayunaba huevos revueltos con queso, tostadas y brioches con mantequilla suiza y mermeladas inglesas, "sentado en el saledizo del balc�n panzudo, que ca�a sobre el patio del hotel, con bar y piscina, y m�s all� sobre la bah�a azul pur�sima, y a lo lejos un buque de guerra erizado y gris".Es una pena que Conchita haya dejado de leer peri�dicos desde que muri� Campmany. Sabr�a que a todos nos falta, aunque de una manera distinta a la suya. A ella le dedic� la Trilog�a del Lago, que muchos lectores estrechos recibieron con aspereza porque versaba sobre el amor entre hermanos y sobre la homosexualidad que, como escribi� �l mismo, "a pesar de algunos reductos intolerantes, ya est� asumida plenamente por la sociedad"."A Conchita, mi mujer desde hace 40 a�os. Nuestro amor es ya casi un incesto".