Correr la millaLa soledad era esto, no tener ni a una Irene Lozano a la que pedirle que te alicate la sintaxis de unas memoriasEl ex secretario de organizaci�n del PSOE Santos Cerd�n.Europa PressActualizado Martes,

junio

23:12Audio generado con IACuando abr� el libro de Santos Cerd�n y aparecieron ante mis ojos los vers�culos de un cap�tulo al azar, pens� que un rapto m�stico hab�a desatado una prosa po�tica en la estela literaria de Rabindranath Tagore. Es un texto sin punto y seguido, un s�ncope en las ant�podas del Bernhardt, brutalista de la escritura, que prescinde del punto y aparte.No hace falta el ojo para la tipograf�a de nuestro Trapiello para concluir en apenas un vistazo que se trata de una obra autoeditada. Hay que comprenderlo. Santos Cerd�n ya no cabalga aquella ola de exuberancia irracional, greenspaniana, de cuando los empleados del Corte Ingl�s acud�an en violenta estampida para atender a do�a Francisca, y no todos tienen recursos para darse el capricho de un lujo, recurrir al beluga del dise�o gr�fico y que su obra se la maquete What the fav!Es probable que la maquetaci�n, edici�n y correcci�n de la obra haya corrido a cargo de la misma inteligencia que la redacci�n: una artificial, en fin. La soledad era esto, no tener ni a una Irene Lozano a la que pedirle que te alicate la sintaxis de unas memorias. A Cerd�n le ha salido un libro corto y sin inter�s para la gran masa lectora. Quiz�s porque su destinatario sea un lector tan selecto que es �nico. El ex secretario de Organizaci�n no quiso legar a la posteridad La velada en Benicarl�, como Aza�a ni procurarse un �xito editorial como La Audacia de la esperanza de Obama.El suyo es un mensaje poco sutil, con fotograf�as de relleno para alcanzar las 98 p�ginas y as� poder decir: esto es un libro. Hasta en eso es una obra fallida, no porque apenas haya conseguido camuflar el mensaje, evidente hasta para el m�s mostrenco de los lectores, sino porque, mientras avanza, no deja uno de preguntarse qu� es lo que Pedro S�nchez podr�a hacer ya por �l.Por muy amenazante que sea el texto, S�nchez lleg� mucho antes que Cerd�n a esta conclusi�n nuclear del libro: �En pol�tica, cuando incomodas lo suficiente, dejas de ser �til. Te conviertes en un problema, y los problemas no se gestionan. Se eliminan�. Actu� en consecuencia a esta m�xima tartamuda y Santos ya est� completamente fuera de su control. Quiz�s en lugar de hacia arriba, nuestro juglar deber�a mirar hacia abajo, porque hay razones para pensar que Leire est� dispuesta a dirigirse a instancias m�s eficaces para el alivio penal. El juez, por ejemplo. Ah� donde ya empiezan y terminan todos los problemas de Cerd�n.