Juan Jes�s Gonz�lezActualizado Jueves,
agosto
23:30La ca�da del mito ZP, el primer ex presidente imputado (tr�fico de influencias y contrabando), despu�s de haber sido talism�n electoral durante un sinf�n de campa�as, ha servido, por lo pronto, para someter toda la gesti�n de Pedro S�nchez a un ejercicio de evaluaci�n retrospectiva que invita a reinterpretar muchas de las decisiones adoptadas durante su mandato, de tal manera que cuestiones como las crisis de gobierno que jalonaron dicho mandato (empezando por la enigm�tica crisis de julio de 2021) o las concesiones realizadas al independentismo (se�aladamente, la amnist�a) cobran ahora un nuevo significado. Desde esta perspectiva, podemos establecer una periodizaci�n de los gobiernos de S�nchez que nos ayude a descifrar la evoluci�n del sanchismo a la luz de la informaci�n hoy disponible.En principio, podemos distinguir tres fases de dicha evoluci�n: 1) el Gobierno monocolor salido de la moci�n de censura de 2018; 2) el presidencialismo plebiscitario salido de la repetici�n electoral de 2019; y 3) el sultanismo impl�cito tras la concesi�n de amnist�a al independentismo catal�n que ense�a su verdadera cara unos meses despu�s, tras la primera imputaci�n judicial del entorno de S�nchez (caso Bego�a).La coalici�n negativa que se construye con el objetivo de desalojar a Mariano Rajoy sirvi�, en un primer momento, para otorgar a S�nchez un voto de confianza que le permiti� la formaci�n de un Gobierno monocolor hasta la convocatoria electoral de abril de 2019. Tras la negativa de ERC a la aprobaci�n de nuevos presupuestos, S�nchez opt� por convocar elecciones, pero se encontr� con que el resultado conced�a a Cs la llave para completar mayor�a de gobierno, sin que Rivera hiciese uso de ella mediante la correspondiente apertura de negociaciones con el PSOE. Puesto que S�nchez hab�a declarado a Podemos �socio preferente� en su apuesta populista por ganar las primarias socialistas de 2017, utiliz� el rechazo a Cs que �l mismo hab�a alimentado (�Con Rivera no�) como excusa para repetir las elecciones, con la expectativa ilusoria de capitalizar a su favor la negativa de Rivera a negociar con �l. Como sabemos, la repetici�n electoral de noviembre de 2019 castig� a Rivera por su pasividad, pero castig� tambi�n a Unidas Podemos, que perdi� diez diputados, despu�s de que el propio S�nchez dijese que gobernar con Pablo Iglesias le quitar�a el sue�o. En consecuencia, S�nchez qued� a partir de ese momento en manos del independentismo catal�n, sellando as� su destino.Entramos de esta forma en la segunda fase del sanchismo, dedicada al ensamblaje de una coalici�n confederal bajo el liderazgo de una presidencia plebiscitaria cuyo objetivo principal no era otro que dejar a las derechas fuera del juego democr�tico, embarcando al PSOE en una din�mica de polarizaci�n parecida a la del Frente Popular, pero con la diferencia de que ahora el protagonismo no reca�a sobre la izquierda republicana sino sobre el propio PSOE. Ahora bien, bajo la superficie de acuerdos de legislatura con el PNV y ERC, se estaban fraguando movimientos subterr�neos en el seno del PSOE que la investigaci�n de Ketty Garat (Todos los hombres de S�nchez) nos ayuda a desentra�ar. Pues ahora sabemos que la enigm�tica crisis de gobierno de julio de 2021 respond�a a una recomposici�n de fuerzas en el seno del sanchismo, de tal manera que S�nchez recuperaba a elementos significados del zapaterismo con el fin de reemplazar a los comisionistas que hab�an empezado a ajustar cuentas entre ellos tras descubrirse la �vida disoluta� del superministro �balos. Lo m�s curioso de la operaci�n es que, nueve meses despu�s de que �balos fuese denunciado por las feministas del PSOE, S�nchez aprovech� la crisis de gobierno para adoptar una decisi�n salom�nica y purgar de paso a las feministas, lo que no hac�a sino desvelar, a la altura de 2021, el car�cter instrumental que el feminismo ha tenido siempre para S�nchez. Como resultado, los lobistas capitaneados por Zapatero y Pepe Blanco recuperaron el control de centros neur�lgicos del poder socialista, con la expectativa de que este nuevo perfil pol�tico evitase las trapacer�as y las pifias de los comisionistas.La tercera fase se inicia, como se recordar�, con la aprobaci�n de la Ley de Amnist�a, a sabiendas de que la Constituci�n hab�a desestimado esta figura justamente para evitar los c�rculos viciosos de agravios y contrapartidas que hab�a provocado en el pasado, bajo la consigna de �hoy por ti, ma�ana por m��. Con esta premisa, que el TC bendijera la medida mediante la doctrina de que �todo lo que no est� prohibido en la Constituci�n es materia legislable� no hac�a sino dar carta blanca a S�nchez para mantenerse en la Moncloa mediante el pago del consiguiente alquiler (recordemos que S�nchez nunca dispuso de acuerdo de legislatura, tan solo de investidura, lo que ha dejado la legislatura sin presupuestos).El sultanismo caracter�stico de esta tercera fase presupone, de entrada, la confusi�n entre partido, Gobierno y Estado, como bien queda demostrado con las cloacas, donde el PSOE puso recursos a disposici�n de la trama para promover operaciones contra el aparato de la Justicia y la polic�a judicial bajo la supervisi�n de un secretario de Estado y de la Fiscal�a General del Estado, todo ello para librar al entorno familiar del presidente de la acci�n de los tribunales. Esta concepci�n sult�nica del poder ayuda de paso a entender la apelaci�n con la que Zapatero cerr� los debates en el congreso socialista de 2024, en un momento de exaltaci�n peronista del matrimonio S�nchez: la lealtad por toda regla... y la omert� como salvoconducto, como si Zapatero estuviera protegi�ndose y exculp�ndose de sus propias �andanzas�. En definitiva, una concepci�n unipersonal del poder, liberada de cualquier restricci�n institucional y desprendida de cualquier compromiso ideol�gico u organizativo, que se sostiene sobre la lealtad personal entendida como un juego de premios y castigos, donde ya no solo el aparato socialista sino tambi�n la burocracia p�blica forman parte del s�quito presidencial. Todo esto concuerda puntualmente con la caracterizaci�n del sultanismo que hiciera en su d�a Juan Linz con la vista puesta en fen�menos que entonces nos parec�an ex�ticos y que hoy resultan de una proximidad inquietante (Casal B�rtoa: El Gobierno sult�nico de S�nchez, EL MUNDO 5/06/2026).Volviendo a la genealog�a del fen�meno, es claro que el pacto confederal impl�cito en el acuerdo de investidura de 2020 (reconocimiento del conflicto pol�tico entre Catalu�a y Espa�a, y concesi�n al PNV de derecho de veto en cuestiones de fiscalidad) sirvi� para reconocer a S�nchez el estatus de presidente plebiscitario capaz de aglutinar y defender los intereses de todo el bloque frente al espa�olismo de las derechas. Lo que no sab�an los abajo firmantes es que S�nchez se iba a servir de ese pacto para ir mucho m�s lejos de lo que era pensable en aquel momento y que, por ende, terminar�an convirti�ndose en sus rehenes a lo largo del viaje; de ah� el nerviosismo de los socios cada vez que se topan con un caso de corrupci�n, del que intentan defenderse poniendo l�neas rojas. Empero, S�nchez sabe que las l�neas rojas de sus socios funcionan en realidad como un sem�foro que pasa de un color a otro sin inmutarse, toda vez que la �nica l�nea roja verdaderamente irrenunciable para ellos es la vuelta al antiguo orden auton�mico, despu�s de disfrutar las mieles del confederalismo y la bilateralidad que S�nchez les ha concedido. Por ah� nunca van a pasar.Al final del viaje, va a resultar que el �nico socio de S�nchez que tom� las debidas cautelas fue Puigdemont, que al menos se cuid� de marcar distancias (Waterloo por medio) y avisar de que �S�nchez no es de fiar�. Falta por ver en qu� se traducir�a esta falta de confianza en el caso de que el Tribunal Supremo llegase a solicitar el suplicatorio del mism�simo S�nchez.Juan Jes�s Gonz�lez es catedr�tico de Sociolog�a de la UNED y autor de 'Las razones del voto en la Espa�a democr�tica (1977-2023)' (Catarata)






