IntemperieLa lucha contra los incendios pasa por una profunda mejora de la gesti�n forestal, pero tambi�n por tomarse en serio el cambio clim�tico. No son factores excluyentes Incendio en la sierra del Alto Rey, en Guadalajara, que calcin� 33.000 hect�reas.Actualizado Jueves,
agosto
23:30Audio generado con IAHa estallado el polvor�n de Ceuta y los tertulianos han dejado de divagar sobre el fuego. Pero el dinosaurio sigue ah�. Se hace dif�cil disociar la cantidad y la gravedad de los incendios de este verano de la p�sima ordenaci�n del territorio en Espa�a. En los fuegos de interfaz urbano-forestal, por las barbaridades urban�sticas cometidas en la periferia de las ciudades, entre otras razones. Y, en el caso de los forestales o silvopastorales y los agr�colas, por los efectos que provoca el vaciamiento del 53% del territorio nacional y el abandono de labores tradicionales que actuaban de profil�ctico conservacionista. A la deficiente gesti�n forestal en la mayor�a de las comunidades aut�nomas se suman los recortes en los dispositivos de extinci�n y, por supuesto, el agravamiento del cambio clim�tico. Todo estos factores, que no son excluyentes, han cristalizado en los desastres de Madrid, �vila o Guadalajara.El c�ctel perfecto para un incendio es el calor extremo, la sequ�a y el exceso de combustible vegetal. Tal como advierten los ingenieros forestales, recuperar un paisaje en mosaico y tratar el monte, siguiendo el ejemplo de los pinares de Soria, evitar�a que muchos fuegos se conviertan en incontrolables. El campo necesita tratamientos silv�colas, vigilancia, ganader�a extensiva, aprovechamientos sostenibles, agricultura y personas que vivan y trabajen en los pueblos m�s peque�os. Exigirle todo eso a la Administraci�n es injusto. Lo que s� est� en manos de los poderes p�blicos es cumplir con la parte que le toca. El presidente S�nchez propone cada a�o por estas fechas un pacto de Estado contra la �emergencia clim�tica�, pero no mueve un dedo para alcanzar el consenso y, en su defecto, para legislar, porque en otras muchas cuestiones no ha esperado a pactos para tomar medidas. El PP no abraza abiertamente el negacionismo, pero su posici�n es deudora de los intereses agrarios porque sabe que es uno de sus principales caladeros en las provincias que reparten menos esca�os. De los extremos cabe esperar poco: la Espa�a rural del siglo XXI, mucho m�s moderna y plural de lo que piensan algunos nost�lgicos ignorantes, no se parece ni a la ecoaldea autosuficiente que propugna la izquierda ni al agro de campanario que explota Vox. Conclusi�n: est� en manos de los dos grandes partidos tomarse en serio la conservaci�n del medio natural. Y hacerlo sin dogmatismo, pero con la ambici�n que exige un desaf�o que no puede reducirse a una alarma injustificada de cuatro ecologistas. Nos va la vida en ello. Literalmente.






