Sobre las 19.15 del jueves 23 de julio el móvil de Miguel Cañizares empezó a emitir a todo volumen el atronador pitido de un ES-Alert. Se evacuaba Aldea del Fresno y tenía que dejar su casa. “Desde el día anterior estaban llegando pequeños trozos como de carbón, pero ya quemados, fríos. Sí que piensas que si empieza a caer alguno caliente...”, recuerda. “Pero está el Alberche entre medias y entre el río y la orilla se forma una especie de cortafuegos de unos 100 metros”. Insuficiente. Tenía que irse igual. Fue a buscar a sus padres, que viven en otra casa en la misma parcela, y en 15 minutos estaban en sus coches camino de Villamanta, donde tienen familia. Pensaban que sería solo esa noche. Acabarían pasando cinco días fuera.
El fin de semana, los Cañizares era unos más entre las cerca de 75.000 personas que simultáneamente habían sido forzadas a salir de su casa por un incendio, principalmente los del centro de la península y el de La Vall d'Uixó, en Castellón. Solo durante el fin de semana del 25 de julio, en el momento de máximo apogeo de esos fuegos, hubo en España más desplazados que en cualquier otro año previo completo, según los registros de Protección Civil y del Departamento de Seguridad Nacional.














