“Necesitamos saber cómo están nuestras casas”. La frase se repite una y otra vez entre los vecinos de Orés, Luesia y Asín que montan guardia frente al puesto de mando instalado en Farasdués. Helicópteros, hidroaviones y naves FOCA les sobrevuelan en un baile aéreo con una ruta fija, de las balsas y piscinas a las llamas, del pantano de San Bartolomé hasta el flanco izquierdo del perímetro del incendio, el que más preocupa.

Han pasado más de veinticuatro horas desde que estos vecinos y vecinas fueron desalojados y todavía no saben cuándo podrán regresar a pueblos. El humo del incendio y las llamas han sacado de sus casas a la vecindad de Así, Orés, Luesia, Malpica de Arba y Uncastillo mientras tienen en vilo a Sádaba y Biota. Las llamas han calcinado ya más de 5.000 hectáreas y la cifra no deja de subir. De ellas, una parte importante pertenecen del término municipal de Orés, pero sin duda es Asín el pueblo que se ha llevado la peor parte hasta ahora, porque el fuego ha llegado al corazón del municipio, a sus calles y sus viviendas. Aun así, los servicios de extinción explican que ha logrado salvarse en gran parte del casco urbano.

Casas en las que viven personas, jóvenes y sobre todo muchos mayores que ahora comparten su incertidumbre en un banco a la sombra en Farasdués o en las distintas ubicaciones puestas en marcha por el Ayuntamiento de Ejea en la localidad. Entre los más de sesenta vecinos que han pasado la primera noche en el polideportivo de Ejea las historias circulan en un escenario improvisado de sillas y mesas entre los que los medios de comunicación les hacen preguntas y algunos familiares y amigos les visitan. La previsión es que muchos de ellos vuelvan a dormir allí mientras continúe restringido el acceso a sus viviendas.