Actualizado Lunes,

julio

01:27Nadie de las m�s de 1.400 personas que abandonaron su casa por el incendio de Los Gallardos sab�a qu� rostro iba a encontrar al regreso. Entre la noche del s�bado y la tarde de ayer, poco a poco los vecinos volvieron a desandar el camino de la huida y con sus propios ojos se quitaron las dudas. Pero antes tuvieron que enfrentarse a un paisaje vestido de un gris difunto -como el que rodea B�dar y conduce a sus pedan�as- que les acrecentaba la tensi�n.A Jane, una brit�nica que tiene casa en la pedan�a de Los Pinos desde 1993 y que se instal� definitivamente all� en 2012, el regreso la oblig� a detenerse, una vez m�s, en la curva donde la memoria todav�a le conserva el olor del humo. All� la muerte aguardaba en el lado derecho del camino y la esperanza al izquierdo. "No sab�amos en qu� direcci�n ir y de repente nos encontramos con las llamas de frente", dice. "Hicimos todo en una maniobra milim�trica para cambiar de direcci�n, pero era una ratonera, podr�amos habernos despe�ado por el barranco o haber sido alcanzados por las llamas".Jane escucha con desaz�n las opiniones que estos d�as se�alan las supuestas decisiones equivocadas de las 13 personas fallecidas -algunas dentro de sus veh�culos- y de la veintena de desaparecidos. "No se puede hablar de que tomaron un camino err�neo porque no ten�amos informaci�n", explica, "puede que ellos no tuvieran el tiempo de maniobrar que ten�amos nosotros o su caravana fuese m�s grande que la que ven�a siguiendo nuestro camino".Mientras avanza desde B�dar hasta su pedan�a, por un laberinto de carreteras asfaltadas, pistas de tierra y caminos de piedra que parecen colgar sobre el vac�o, detiene su furgoneta gris una y otra vez para fotografiar las viviendas de sus vecinos. Las contempla rodeadas de laderas calcinadas, con la vegetaci�n quemada llegando hasta los mismos umbrales, y le cuesta comprender el extra�o pacto que algunas casas parecen haber sellado con el incendio. "Me cuesta entender c�mo las casas no ardieron", dice al ver todas las laderas y vegetaci�n quemadas a los pies de las puertas de las casas, "quiz�s debamos de plantearnos aprender m�s del camino que toma el fuego".Habla entonces de la velocidad con la que avanzaban las llamas, de una fuerza que casi parec�a escaparse de toda explicaci�n y que, asegura, "nunca" hab�a visto en su vida, ni siquiera en otros incendios que ha vivido, el �ltimo en 2012 en esta misma zona.Cuando por fin llega a casa junto a Barry, el �amigo de su infancia� con el que vive -un hombre de avanzada edad y con graves problemas de movilidad-, ambos permanecen unos instantes sin encontrar las palabras. La vivienda sigue en pie. Dentro, todo permanece exactamente igual que lo dejaron al marcharse. Tambi�n la yurta, esa tienda tradicional mongola, que tiene levantada sobre una alfombra de c�sped artificial, ha sobrevivido intacta al paso del fuego. "Esto s� que no me lo puedo creer", dice, "pensaba que hab�a sido posible que alguna chispa o pavesa podr�a haber llegado hasta aqu�".Solo faltan sus tres gatos. Los comederos siguen sobre la mesa y tambi�n el pescado que estaba preparando antes de huir. Se alegra, al menos, de saber que los gatos de su vecina Emma han sobrevivido.Emma, vecina de Jane, con su gato.Despu�s de un incendio uno aprende cosas que antes parec�an innecesarias. Jane y Emma creen ahora que para vivir en lugares tan apartados hace falta algo m�s que un �nico camino de salida. Tambi�n hace falta que la vecindad viaje por los tel�fonos m�viles igual que antes viajaba de puerta en puerta. Hablan de crear un grupo de WhatsApp para avisarse cuando vuelva a ocurrir una emergencia. "Los avisos de desalojo de las zonas fueron escasos y carec�an apenas de informaci�n sobre por d�nde se estaba propagando el fuego", explica Emma, "a nosotros nos avis� un vecino que hab�a bajado de la sierra y vi� el avance del fuego".Esa sensaci�n de caminar a ciegas se repite entre muchos de los desalojados. Tambi�n en Alfaix o en el camping de Los Gallardos. All� Nati permanece todav�a junto a su autocaravana con la voz atravesada por el cansancio y el shock. "No entiendo que se diga que las cosas se hicieron bien", dice Nati a�n nerviosa enfrente de su autocaravana, "aqu� lleg� la Guardia Civil diciendo que desaloj�semos pero no nos dec�an hacia d�nde ir". "�De qu� sirven las palabras ahora y los 'lo siento' si hay 13 personas muertas?", se le rompe la voz antes de terminar la frase, "solo quiero irme a mi casa a Asturias y los incendios, por desgracia, se repetir�n en otros sitios de Espa�a".A unos diez kil�metros hacia el suroeste, Alfaix ofrece otra imagen de la misma desgracia. La carretera hizo de cortafuegos y las labores de los bomberos evitaron da�os mayores, aunque en algunas viviendas contin�a fallando el suministro de agua potable.Para saber m�sEl pueblo parece dividido entre dos maneras de mirar la monta�a. En las villas blancas de piedra, donde viven numerosos extranjeros, todav�a cuesta apartar los ojos de las laderas quemadas. En el bar La Venta, en cambio, los vecinos se re�nen poco despu�s de las diez de la ma�ana. Piden caf�, alguna cerveza temprana, comentan lo ocurrido y rebajan el peso del miedo con bromas.Lore, belga, tampoco consigue olvidar el momento en que crey� que el incendio alcanzar�a la casa de sus padres, instalados en la zona desde hace cinco a�os.Concretamente en este pueblo, se dan las dos caras de la cat�strofe desde extranjeros como Lore que no olvidan el momento del fuego amenazando su casa en la parte de las villas tur�sticas cinceladas de blanco y piedra, hasta los aut�ctonos que se re�nen pasadas las 10 horas escasas en el bar La Venta para encontrarse con sus amigos e intercambiar impresiones quit�ndole hierro al asunto. "El problema aqu� haya sido posiblemente que por la monta�a no se ve�a el fuego", dice Lore.Desde la ventana, solo apreciaba las columnas humo por lo que con un dron decidi� ver a vista de p�jaro qu� era lo que estaba pasando. "Mis padres estaban regresando de un viaje desde Sevilla", cuenta, "ve�an el humo lejos, no cre�an que pudiera llegar hasta aqu�, pero siempre tienes la duda". Cuando las im�genes del incendio comenzaron a circular por medios de comunicaci�n de distintos pa�ses, otros compatriotas belgas con viviendas en la costa les ofrecieron refugio. "Somos conscientes de que no fuimos los m�s afectados", dice, "pero esto ha sido una cat�strofe que uno nunca se imagina que le podr�a pasar y hemos tenido suerte".Y acaso esa sea la palabra -"suerte"- que m�s se repiti� ayer entre los caminos quemados por el incendio de Los Gallardos. Una palabra humilde que se les plantea tambi�n como un misterio.