EditorialTras varios veranos devastadores, Espa�a necesita con absoluta urgencia una estrategia estructural y transversal ante los incendios. No propagandaBomberos de Castell�n, este domingo, en el incendio forestal de la Vall d'Uix�.GVAActualizado Lunes,
julio
23:39Audio generado con IALas cifras de las evacuaciones llevadas a cabo en los primeros cinco d�as de los macroincendios que est�n asolando Espa�a dan la medida de la cat�strofe. Nunca antes en tiempos de paz hab�a asistido nuestro pa�s al traslado de 79.000 personas, entre los 63.000 en Madrid, �vila y Toledo y los 16.000 en la Comunidad Valenciana. Las labores contin�an y la colaboraci�n entre Interior y las comunidades aut�nomas est� funcionando. Una coordinaci�n que, junto al inmenso empe�o de los equipos de emergencias, est� protegiendo miles de vidas, por ahora con un solo fallecimiento que lamentar.Sin embargo, la propia magnitud del dispositivo interpela a nuestros gobernantes. Que la respuesta a la crisis sea la exigible en una democracia avanzada no basta. Espa�a, como el resto de pa�ses de nuestro entorno, no es la misma que hace d�cadas: el calentamiento global va a ir en aumento y las tareas de prevenci�n hace tiempo que debieron haberse multiplicado. No para impedir cualquier tipo de incendio, lo cual es imposible, pero s� para poner todos los medios para que su expansi�n no sea dram�tica.Mientras muchas poblaciones siguen confinadas y cuando a�n miles de ciudadanos duermen fuera de casa y empiezan a evaluar los da�os en sus negocios y en sus municipios, resulta inadmisible que la conversaci�n p�blica se vea empujada una vez m�s hacia la polarizaci�n. Mientras el PP, al frente de once comunidades aut�nomas, parece encontrarse c�modo se�alando al Gobierno, Pedro S�nchez pretendi� ayer construir el marco de que la derecha niega el cambio clim�tico y es, en definitiva, responsable de los incendios.Tras varios veranos devastadores, Espa�a necesita con absoluta urgencia una estrategia estructural y transversal ante los incendios. Eso requiere rigor y compromiso, no propaganda ni cortoplacismo. Con miles de hect�reas quemadas y miles de vidas afectadas, las reformas no pueden esperar.














