0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial¡Nos invaden! ¡Nos invaden! Este ha sido el lema de lo que va de verano. Y no es por el calor exasperante que nos encierra de 10 a 10 en nuestros cuchitriles con aire acondicionado –el que tiene la fortuna de tenerlo–. O ni siquiera los molestos mosquitos de cada año o los húmedos hedores de nuestra ciudad. Es Ceuta. Y Melilla. Y la “gran sustitución” fake que predican algunos para ir infundando el miedo a todo hijo de vecino. A falta de fútbol, esto ha sido X esta semana: un clamor ultra solo contrarrestado por aquellos que advierten con estupor de cómo se han invertido ciertos valores en pocos años. El debate sobre la inmigración puede tener sentido, pero la deshumanización del otro es una línea roja que se cruza a diario en las redes. Ni siquiera las muertes de niños y jóvenes, engañados por no se sabe quién en su intento de llegar a Europa, aplacan ya la ira de algunos. “¡No me dan ninguna pena! Mucha gente muere cada día y solo te fijas en esos”, escupen. Se han vuelto insensibles y lo peor es que parecen enorgullecerse de ello.Miles de jóvenes marroquíes intentaron cruzar la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta para tratar de cruzar la valla que separa las dos ciudades Reduan Dris / EFELas invasiones van por barrios. Por ejemplo, se sienten invadidos en Gràcia porque los expats, según dicen, tratan de ganar horas de sueño en las próximas fiestas de agosto a base de boicots y sabotajes de pequeña intensidad contra los tradicionales ornamentos de las calles. “¿Comen brunch?”, se pregunta un usuario. En Mallorca, otro paraje acostumbrado a acumulaciones foráneas, se viraliza un vídeo de un popular y divertido tuitero local, Àngel Aguiló, que lanza un mensaje “a la cayetanada invasora” madrileña. “Caéis mal. Sois básicamente insoportables”, suelta sin rubor. Lógicamente, le saltan a la yugular. (Crucemos los dedos para que a un menorquín o a un ampurdanés no se les ocurra hacer lo mismo con los barceloneses).Y es que estas canículas persistentes sacan lo peor de nosotros mismos. Y eso en X es mucho decir. El drama permanente. Puede ser por el calor: “Si este clima de mierda va a seguir así con el paso de los años, prefiero morirme antes”. O puede ser por el supuesto disfrute de los demás mientras uno trabaja: “Pasar el verano entero en tu ciudad y no caer en depresión profunda”. O puede ser porque no encuentras nada abierto en agosto: “Y digo yo, ¿las panaderías, las cafeterías, las pescaderías y las tiendas de barrio no deberían hacer turnos y no cerrar todas de golpe?”. Cualquier menudez nos irrita. Las invasiones van por barrios: en Gràcia, por expats; en Mallorca, por madrileños; y el enfado tuitero nos invade a todosSolo la espera del maldito eclipse, que augura más invasiones masivas –esta vez de lugares inesperados como Lleida, la Ribera d'Ebre o Teruel–, alivia algo al personal tuitero a base de bromas por las tantas expectativas generadas. “¿Habrá eclipse para veganos?”, se preguntaba @Massa_43. “Seguramente seguiré el eclipse por la radio”, avisaba @NPamoviles. “Fins el dia 12 estaran donant la tabarra amb l'eclipsi? Si vivim a les fosques tot l'any”, filosofaba @pdpelat.Mires donde mires, invasiones. Reales o imaginarias. El ambiente está cargado y el calor, que también viene del sur global, no hace más que multiplicar por mil la mala leche. En verano comenzaron todas las guerras, no lo olvidemos. Quizás sería un buen momento para aligerar nuestra dieta digital y buscar distracciones alternativas, pero parece que las noches tórridas y las numerosas horas con la familia arrojan a muchos a seguir enganchados al móvil, combinando la foto bucólica en Instagram con la queja y la cuñadez en X.Lee tambiénEsta es la verdadera invasión, la digital. La que nos engancha al teléfono agitados y pase lo que pase. Incluso cuando, como decimos los cursis, sería momento de “desconectar”. Es la invasión que fríe más nuestros cerebros que los 40 grados en la sombra que ya sufrimos en cualquier rincón del país. A estos, que somos nosotros mismos, no los podremos echar.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.