El verano es la época del año que no se cansa de recordarme que no soy de aquí. A partir de julio los jubilados de mi barrio y muchas familias españolas se evaporan de las calles. No conocí este fenómeno migratorio hasta que no me mudé al barrio Moscardó, en Usera: ellos, los jubilados y esas familias, tienen un pueblo para refugiarse y yo sólo poseo dos aires acondicionados para sobrevivir al calor que sofoca cada año más. En Lima, mi ciudad de origen, los que se evaporan durante el verano son los ricos, porque son casi los únicos con casas de playa. Los jubilados de Moscardó, en cambio, han sido siempre eso que llamaban clase trabajadora. Y, mientras que estos hombres y mujeres llegaron desde las provincias a Madrid el siglo pasado, por motivos económicos, políticos y sociales, yo aterricé el 2005 en la capital con la aspiración de emular, al menos, las aventuras de uno de mis ídolos literarios, Julio Ramón Ribeyro, que apenas vivió una temporada en una corrala de Lavapiés antes de instalarse de por vida en París. Es cierto que también estaba harto de la delincuencia en Lima y de una rutina violenta que los peruanos hemos normalizado, pero fue mi vocación la que despertó las ganas de largarme a una latitud que, aparte de todas las manifestaciones culturales que necesitaba vivir en directo, me ofreciera también la oportunidad de regresar a casa en paz.
'Un verano en Moscardó', por Sergio Galarza
En esta serie, elDiario.es explora junto a cuatro escritores qué pasa en las ciudades cuando sus ocupantes se van a vivir eso que llamamos veraneo. El escritor peruano Sergio Galarza escribe desde Lima sobre Madrid, la ciudad a la que está a punto de regresar tras unas breves vacaciones en casa









