El Monasterio de Nuestra Señora de la Piedad, situado en Casalarreina, un pueblo de La Rioja, ha vuelto a escribir una página de su historia. Sus muros, que llevan más de cinco siglos acogiendo a la comunidad de monjas dominicas, han sido escenario de la profesión religiosa de dos hermanas: Sor Ana María de Cristo Rey y Sor María Inés de la Sagrada Familia. Un acto que representa la confirmación de que esta comunidad continúa viva.
La ceremonia estuvo presidida por el obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Santos Montoya, y reunió a la comunidad religiosa, familiares de las profesas llegados desde África, vecinos de Casalarreina y autoridades locales.
Sin embargo, la profesión religiosa no es el inicio del camino, sino su culminación. “Cuando llega una persona no se hace monja en ese mismo momento”, explica el alcalde de Casalarreina, Félix Caperos. “Antes tiene que pasar por un periodo de prenoviciado y después por el de noviciado, por lo que pueden pasar cinco o seis años por lo menos hasta que la persona profesa”.
La profesión religiosa supone el momento en el que las hermanas realizan públicamente sus votos de pobreza, castidad y obediencia y se incorporan plenamente a la comunidad. Un rito solemne en el que las religiosas se tumban en el suelo mientras son cubiertas con pétalos de rosas, como símbolo de entrega y purificación, antes de recibir la corona y el anillo que representan su compromiso con Dios y Jesucristo.








