0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialAllá por los años ochenta del siglo pasado se pusieron de moda unos bares de copas muy barrocos, ubicados en viejas construcciones palaciegas, con telas suntuosas, muebles antiguos, esculturas y candelabros, ricas alfombras, grandes ramos de flores y frutas que desprendían un aroma intenso. Su aire decadente hacía las delicias de la juventud postmoderna. En Mallorca fue el Ábaco; en València, el Juan Sebastián Bach, que pudimos visitar en 1987 con motivo del agitado Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas.Exposición del artista alemán Anselm Kiefer en el Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) Kai Forsterling / EFETras el cierre del negocio, el Palacio Valeriola que lo acogía pasó por distintas manos y quedó en estado ruinoso, hasta que en 2016 lo rescató Hortensia Herrero, cuya fundación lo ha restaurado de forma impecable. Hoy es sede del centro de arte que impulsa la vicepresidenta e importante accionista de Mercadona, y justifica el desplazamiento a la capital levantina.El Centro de Arte Hortensia Herrero ya es uno de los espacios expositivos más atractivos de EspañaCon tres años de vida ya es uno de los espacios expositivos más atractivos de España, en especial para quien quiera hacerse una idea del mejor arte contemporáneo más allá de las habituales consignas alternativistas e hiperpolitizadas. Cuenta con instalaciones específicas de Tomas Saraceno, Olafur Eliasson, Jaume Plensa, Sean Scully y Cristina Iglesias, todos ellos indiscutibles. Ha consagrado un ala entera a la creación digital. Y hasta octubre presenta una exposición de Anselm Kiefer, otro referente mundial, con sus grandes obras llenas de alusiones a la historia alemana, su poesía y su tragedia.Vemos piezas emblemáticas como Walhalla, lienzo cubierto de plomo –único material que aguanta el peso del pasado, según Kiefer– o el espectacular Danaë, de 13 metros, que enlaza el mito griego con el aeropuerto berlinés de Tempelhof, tan clave en el nazismo y la guerra fría. El suyo es un mundo sobrecogedor y grandilocuente, que vale la pena contrastar con el de Miquel Barceló, influido en sus inicios por Kiefer, también literario pero mucho más orgánico, humanizado y mediterráneo.La Fundación Hortensia Herrero ha restaurado otros edificios emblemáticos, como la Iglesia de los Santos Juanes, en una València cada vez más atractiva. Con su centro histórico rehabilitado, proyecta una imagen próspera con amplias avenidas que respiran y dejan que el tráfico fluya, a diferencia de otra ciudad que conozco. Y las iniciativas de esta Fundación dan fe del buen resultado del mecenazgo y la colaboración público-privada, esa que curiosamente sigue poniendo a la defensiva a ciertos comisarios de arte institucional ­(­a uno de ellos le escuché proclamar en público: “los ricos son imbéciles”. Seguro que conseguirá muchos patrocinios).Redactor Jefe del suplemento Cultura/s. Premio Nadal de Novela 2013. Premio Nacional de Periodismo Cultural 2020.