Ciudad abiertaSe ponen a repartir carnets de buen y mal patriota quienes solo conocen el patriotismo de partidoEl presidente del Gobierno Pedro S�nchez, durante su viaje en Ceuta.EFEActualizado Mi�rcoles,

agosto

22:51Audio generado con IADe vez en cuando, el discurso oficial informa de que Pedro S�nchez ha disputado una bandera a la oposici�n. El ejercicio no suele tener mayor recorrido que un ciclo de tertulias, pero sigue resultando revelador: nos muestra qu� cree el oficialismo que creen sus cr�ticos. Se ha llegado a se�alar, por ejemplo, que S�nchez reclam� el orgullo de ser espa�ol con su posicionamiento contra EEUU y el ataque a Ir�n; o que estaba disputando la bandera de la fe cat�lica cuando elogi� a Le�n XIV frente a sus cr�ticos nacionalpopulistas. Quienes divulgan estas ideas nunca parecen reparar en que, unos meses despu�s de ese presunto �xito apropiador, quienes criticaban al presidente siguen siendo los mismos, si no unos cuantos m�s. �C�mo puede ser que todas esas banderas birladas por S�nchez a la oposici�n no hagan mella en las encuestas?La explicaci�n es sencilla: esos intentos de apropiaci�n revelan una idea rid�culamente superficial de la creencia que se intenta disputar. El presidente lleva ocho a�os gobernando con enemigos declarados de la existencia de Espa�a como Estado-naci�n, y concedi�ndoles numerosas cesiones y privilegios, pero todo eso se borrar�a con unas semanas de ret�rica no-alineada y de rojigualdas en los m�tines. Ojal� la estrategia se hubiera puesto a prueba en uno de esos focus groups tan queridos del marketing contempor�neo, para que alguien respondiera a los encargados: �pero, usted, �por qui�n me toma?�Hemos vuelto a ver esta din�mica durante la crisis de Ceuta, cuando el oficialismo m�s militante ha tachado las cr�ticas a S�nchez de poco menos que cr�menes de leso patriotismo. �C�mo puede uno ser patriota y criticar a su Gobierno cuando la soberan�a nacional est� siendo amenazada? La respuesta, de nuevo, es sencilla: el patriotismo no es una actitud servil y pasiva, sino activa y exigente, sobre todo con los poderes p�blicos. En una crisis agravada por la desidia y descoordinaci�n del Ejecutivo, la exigencia de responsabilidades es un acto perfectamente patri�tico. Incluso se ajusta a algunos rasgos definitorios del patriotismo cl�sico -como lo estudi� Viroli en Por amor a la patria (Deusto)-. Pero esta clase de confusiones son de esperar cuando se ponen a repartir carnets de buen y mal patriota quienes solo conocen el patriotismo de partido.