ESPA�A

S�nchez debe mantener dos platillos en el aire al mismo tiempo: victimizarse frente a las corrupci�n y desmovilizar a la derecha templada tras los pactos con Vox. De ah�, la sobrerreacci�n a la memez racista de Rajoy el d�a que condenan a su hermanoPedro S�nchez a su llegada al El�seo.AFPActualizado Martes,

julio

22:43Audio generado con IA�Nosotros �ramos nacionalistas (...) Lo �nico que se puede pedir a un nacionalista es que se d� cuenta de que lo es. Porque, como es una afecci�n, una afecci�n que moviliza esp�ritus y voluntades, es importante interiorizarlo. La realidad es que no se puede formar una comunidad solo sobre la base de los derechos civiles�. La entrevista en Agenda P�blica de Nacho Corredor a Carlos Aragon�s, hombre fundamental en el ascenso y consolidaci�n de Jos� Mar�a Aznar en el poder, deja una definici�n asombrosa de lo que fue aquel proyecto pol�tico. Por obvia y por in�dita a la vez.La reflexi�n de Aragon�s la desarroll� d�cadas antes Isaiah Berlin, uno de los te�ricos liberales m�s importantes de la historia, que advert�a de que ning�n proyecto pol�tico puede sustentarse sin una cultura debajo. Cultura entendida como identidad. Y en ese sentido, el nacionalismo act�a como el homogeneizador m�s eficiente. Pese a su car�cter destructivo y belicoso, �ning�n movimiento que no se haya aliado con el nacionalismo ha tenido �xito en los tiempos modernos�.Berlin dec�a que hay �nacionalismos buenos y nacionalismos malos�. En Espa�a, el nacionalismo bueno durante muchos a�os fue el perif�rico, pese a tener las manos chorreando de sangre, mientras que el malo era el central, inevitablemente vinculado a la brutalidad de la Dictadura de Franco. De hecho, en el aznarismo se hablaba de centro reformista o de patriotismo constitucional, pero no de nacionalismo, as� sin apellidos.La �nica expresi�n tolerable de nacionalismo espa�ol era la Selecci�n, rebautizada por Luis Aragon�s como La Roja. Fue muy importante que la pelotita entrara en la porter�a entre 2008 y 2012, con el pa�s deshilachado por la crisis financiera. Al margen de aquello, durante 40 a�os de Democracia, las exaltaciones de espa�olidad estuvieron autocensuradas. Hasta que estall� el proc�s y la reacci�n contra �l llen� los balcones de rojigualdas.Hoy tenemos lo que tenemos. Vox naci�, entre otros motivos, por la desilusi�n que generaba entre parte del electorado que hab�a votado al PP la derechita cobarde que encarnaba Mariano Rajoy. Tiene su cosa que precisamente �l haya protagonizado la gilipol�mica del Mundial con un reg�eldo racista que hubiese firmado Santiago Abascal. S�lo que �ste lo hubiese dicho sin iron�a.El ministro de Exteriores espa�ol ha llamado a su hom�logo franc�s. Debe ser que Jos� Manuel Albares ha perdido el m�vil del de Marruecos, pa�s que, al parecer, ha liquidado con un dron a un l�der saharaui y que esta semana ha detenido al periodista Al� Lmrabet, residente en Barcelona. Pedro S�nchez ha manifestado al primer ministro galo sentirse �avergonzado� por su predecesor el d�a que condenan a su hermano por enchufarse en una administraci�n socialista.El quilombo que se ha montado es uno de los muchos que se suceder�n en los pr�ximos meses, en los que el Gobierno tiene que mantener dos platillos en el aire al mismo tiempo: por un lado, blindarse frente a las investigaciones de corrupci�n mediante el descr�dito de la Justicia y la hipervictimizaci�n del presidente; y, por otro, desmovilizar al electorado m�s moderado de la derecha enfatizando la radicalizaci�n del PP tras los pactos con Vox en las autonom�as. Para esto valen los incendios (cambio clim�tico) o las memeces de Rajoy (racismo).Qui�n iba decir que esa depauperada especie en extinci�n llamada moderadito, en feliz acepci�n de Diego S. Garrocho, se haya convertido en pieza de caza mayor.