An�lisisActualizado 3

JUN.

2026 - 00:20El lehendakari, Imanol Pradales, conversa con el adjunto a la presidencia de Junts;, Albert Batet.Quique Garc�aEFEUna de las cosas que m�s ha arruinado el proyecto de S�nchez, adem�s de su ambici�n desmedida, ha sido su disposici�n a pactar cualquier cosa con los nacionalistas para llegar o mantenerse en el poder. Esa ansiedad le llev� a saltarse todas las l�neas rojas y acordar con Junts y ERC el blanqueamiento del proc�s con dos decisiones que el electorado en el resto de Espa�a sigue sin perdonar. La primera fue la amnist�a a los condenados por el golpe de Estado en Catalu�a, que, en definitiva, supon�a un borr�n y cuenta nueva que certificaba la desigualdad de los espa�oles ante la ley. Una amnist�a que llegaba despu�s del indulto y de la supresi�n en el c�digo penal del delito de sedici�n por exigencia de los propios condenados. La segunda est� ocurriendo en este momento. Se trata de todas esas cesiones que el Gobierno le est� regalando al nacionalismo y que le van a permitir caminar hacia el control de estructuras clave para lograr la independencia cuando se vuelva a plantear. Desde los trenes, hasta la creaci�n de una Hacienda propia, pasando por el control de los impuestos (el paso previo al cupo) o la inmigraci�n y el dominio de las fronteras. Estructuras que el propio Oriol Junqueras calific� de esenciales para conseguir la independencia. Al margen de los casos de corrupci�n que cercan al PSOE y al Gobierno, la debilidad de S�nchez se explica por esa capitulaci�n frente al separatismo, que justifica la abrumadora diferencia que ha obtenido en las urnas el PP frente al PSOE en todos los territorios, salvo en Catalu�a y Pa�s Vasco. Ese proceso de rendici�n de S�nchez ante el nacionalismo para sobrevivir sigue en pie, pero ya tiene escaso recorrido por la descomposici�n del propio Gobierno, que est� haciendo enfermar a sus propios socios. El separatismo sabe que se est� quemando con S�nchez, pero, como har�a cualquier organismo parasitario, estar� encantado con cambiar de hu�sped para sobrevivir. Y ahora ven una oportunidad en el inter�s que tiene Alberto N��ez Feij�o por finiquitar una legislatura agotada. El terreno es pantanoso. Los nacionalistas, principalmente Junts, est�n dispuestos a jugar si por el camino consiguen que Feij�o les legitime para reclamar lo que no es razonable. De ah� la propuesta trampa al l�der popular para visitar a Carles Puigdemont en Waterloo. Los populares temen de cara al futuro que en Catalu�a se vuelva a mover el avispero y tienen la tentaci�n de tender puentes con esos mismos que han arruinado a S�nchez. Ser�a un tremendo error. Cuando Feij�o dijo hace d�as que estaba "dispuesto a todo" debi� matizar. Si la moci�n de censura lleva bicho es mejor esperar.I�aki Garay. Director adjunto de Expansi�nOpini�nPol�tica