Plazo de enmiendaDa igual que eso suponga, como m�nimo, contaminar las banderas de igualdad, solidaridad e internacionalismo de la izquierdaPedro S�nchez, presidente del Gobierno, en Ankara.AFPActualizado S�bado,
julio
22:48Audio generado con IALa frase no es m�a pero me resulta sugerente. �Se rasgan las vestiduras por la prioridad nacional pero aceptan la prioridad nacionalista�. La autor�a es de Izquierda Espa�ola, un partido, hasta ahora extraparlamentario, en cuya esfera se mueven acad�micos, pol�ticos, sindicalistas..., muchos de ellos referentes de la izquierda cl�sica, esos a los que ahora el socialismo de S�nchez y sus muletillas tachan de rencorosos cuando no de traidores porque no comulgan con un credo impuesto a conveniencia del One.Hurgo en la frase para descubrir si en la misma se esconden resabios ultras y xen�fobos m�s inclinados a la discriminaci�n por raza, nivel econ�mico, religi�n o sexo que al reconocimiento del arraigo del individuo y su contribuci�n al Estado del bienestar. No los encuentro.Lo que descubro es un listado de las genuflexiones del poder que se dice progresista ante las exigencias de formaciones nacionalistas e independentistas, esas que hunden sus ra�ces en el identitarismo; en los apellidos; en la diferencia, normalmente supremacista, y muy a menudo en la falta de solidaridad. Un sometimiento a todas luces promovido por las necesidades de un poder construido sobre eso que Rubalcaba bautiz� como el Frankenstein.Para mantener los pedazos unidos hacen falta martillazos y esos son los que se repasan para poner en evidencia la �prioridad nacionalista�. A saber: los indultos y la amnist�a a delitos muy graves contra el Estado; la derogaci�n de la sedici�n y la rebaja de la malversaci�n en beneficio de quienes aseguran que lo volver�n a hacer; la financiaci�n singular para una autonom�a, pactada con aquellos que no se consideran parte del Estado y la permisividad con la que se contempla que en los territorios en los que habitan esas fuerzas nacionalistas se discrimine en la educaci�n y en el empleo p�blico a quienes hablan espa�ol, o sea, la lengua com�n.Y no, creo que no se trata de rechazar la concesi�n de indultos, ni siquiera incluso la posibilidad de plantear una amnist�a o revisar la definici�n de algunos delitos o planear mejoras en la financiaci�n de un territorio y mucho menos impulsar las lenguas cooficiales. Aqu� lo que se discute es el motivo �ltimo por el que todo esto se hace y, por supuesto, la manera como se hace. Esa es la cuesti�n.Se hace porque alguien lo necesita para mantenerse en el poder. Alguien que, por cierto, renegaba de todo eso hasta media hora antes de comprobar que o pasaba por el aro o no llegaba a La Moncloa. Y se hace sin consenso, permitiendo incluso -as� sucedi� con la amnist�a y as� sucede con la financiaci�n singular- que los propios beneficiarios sean quienes impongan sus demandas. Da igual que eso suponga, como m�nimo, contaminar las banderas de igualdad, solidaridad e internacionalismo de la izquierda. Se cubren con una capa de supuesto federalismo, otra de interesada pluralidad y una m�s de presunta reconciliaci�n ... y a otra cosa.Si surgen voces -por ejemplo, la de Page, Gonz�lez, Guerra, Sotillos, Redondo, Madina, Campo, Cosculluela, Sevilla...- que cuestionan la perversi�n de los principios, se les crucifica y punto. Son resentidos, elementos desorientados que ponen en riesgo el movimiento un�voco del reba�o detr�s del l�der. Pecadores candidatos a la excomuni�n. El sanchismo no lo quiere ver pero empieza a tener lista de espera.







