No han pasado siquiera cuatro a�os desde que Pedro S�nchez promulgase el mistiqu�simo or�culo: �Una de las cosas por las que pasar� a la Historia es por haber exhumado al dictador�. Hoy sabemos que la historiograf�a lo recordar�, entre otras cosillas, por la operaci�n anfibia del pasado jueves en Ceuta. Salvando las diferencias, Europa occidental no asist�a a exhibici�n de contingente for�neo tan bizarro desde el sitio otomano de Viena all� por 1683. Con las calles de Ceuta colmadas de mozalbetes magreb�es, la ciudad cerrada a cal y canto y los vecinos parapetados en sus casas, que el Gobierno se exculpe motejando a sus cr�ticos de ego�stas inhumanos no remedia el espanto de los ceut�es ni, especialmente, la inmensa tragedia de los al menos 72 fallecidos. Quien al mal tiempo quiera poner buena cara quiz� se tome todo esto por otro rocambolesco episodio de nuestra d�cada abalesca y koldiana de progresismo chupi. Empero, lo del pasado jueves en Ceuta reviste su trascendencia: dicho con el titular de The Times, �60.000 asaltan territorio espa�ol� demostrando que �las fuerzas de seguridad [espa�olas] est�n desbordadas�.Lo que el conservador The Times conceptualiza de asalto y los eufemistas espa�oles de crisis humanitaria ha sobrecogido hasta al progresismo europeo. El viernes, la portada de Politiken, peri�dico insignia de la izquierda danesa, citaba a la primera ministra socialdem�crata Frederiksen: �No vamos a aceptar que se repita lo de 2015�, en alusi�n a la marea de refugiados sirios de aquel a�o. Estados europeos hay que se toman muy en serio las regularizaciones, las naturalizaciones y la modulaci�n de flujos migratorios. La cuesti�n no es solamente si se monitoriza o no la end�mica inmigraci�n ilegal, sino la contenci�n de los caudales migratorios. As� lo entiende pr�cticamente toda Europa, desde los conservadores Kristersson y Meloni a los socialdem�cratas Frederiksen, Merz y Burnham.Hoy por hoy, en Europa el quid de la inmigraci�n radica en el alcance de la multiculturalizaci�n seg�n lo percibe la ciudadan�a. Los m�s de los pueblos europeos se conformaron mediante siglos de movimientos migratorios. El emparejamiento de culturas engendr� la nuestra, y todo contacto cultural resulta siempre sumamente enriquecedor. Ahora bien, en pleno siglo XXI la gente discierne entre el enriquecimiento cultural y la transformaci�n radical de una sociedad. Los disturbios antiinmigraci�n de Belfast y Southampton en junio, o de Southport en 2024, escenificaron el rechazo de la pol�tica migratoria expansiva de sucesivos gobiernos brit�nicos. Seg�n la �ltima encuesta de YouGov, Reform (el partido antiinmigraci�n de Farage) ganar�a hoy las elecciones en Reino Unido con un 22% de los sufragios, y podr�an gobernar con los tories, constataci�n esta del fracaso del multiculturalismo iniciado por Tony Blair.En pa�ses como Reino Unido y Dinamarca, el giro antiinmigraci�n se debe no tanto al dispendio econ�mico (en Ceuta quedar�n 7.000 menores para que los mantenga el contribuyente espa�ol), sino al rechazo popular a trasmutaciones socioculturales. La inmigraci�n ha obrado una completa transformaci�n sociocultural en muchos pa�ses. La poblaci�n extranjera de Londres, por ejemplo, se ha doblado desde los 90 y hoy suma el 41%. La de Madrid ha pasado del 1,1 al 19%. En mis a�os de estudiante en Milwaukee, la poblaci�n de origen europeo sumaba el 63%; hoy es del 34%. Una Milwaukee multicultural donde se respira mucho menos la cultura alemana e irlandesa de sus primeros habitantes no es peor ni mejor. Es, sencillamente, otra Milwaukee. En Europa, desde 1990 la poblaci�n extranjera de Alemania se ha incrementado de 8,5 a 20,5 millones; Suecia de 9,2 a 20,8; Dinamarca de 4 a 16; Francia de 10 a 14. En esos a�os, Espa�a ha experimentado uno de los mayores aumentos porcentuales: de 2,5 millones a 19. Espa�a hoy tiene una de las mayores poblaciones extranjeras de Europa. De esos 19 millones, 13 han nacido fuera de la Uni�n Europea. Para hacernos una idea de la dimensi�n de la cifra, cot�jese con Reino Unido, donde 9,2 inmigrantes proceden de fuera de Europa.Seg�n el �ltimo Bar�metro del CIS, los espa�oles consideran la inmigraci�n el principal problema del pa�s despu�s del precio de la vivienda. Para el 23,4% de los encuestados es el mayor problema, un 8,6% m�s que en el bar�metro de marzo. A este ritmo, la inmigraci�n ser� en breve la primera preocupaci�n de los espa�oles, precisamente por la raz�n que aduce The Times: porque la inmigraci�n �desborda� al Gobierno espa�ol. Y lo desborda porque la inmigraci�n exige pol�ticas coherentes con la realidad. Decir que el pa�s necesita mano de obra inmigrante, cuando Espa�a tiene dos millones y medio de parados, resulta incomprensible. Sugerir la necesidad de inmigraci�n por la merma de la natalidad es seguir mareando la perdiz: seg�n el Estudio 3475: Fecundidad, familia e infancia del CIS, el 77% de los espa�oles sin hijos dice no tenerlos por no poder permitirse el coste econ�mico, adem�s de por recelar de la baja calidad del sistema p�blico de ense�anza. Un buen gobernante gestionar�a la crisis demogr�fica revirtiendo esas trabas: creando las condiciones para el realce de la natalidad e invirtiendo en educaci�n p�blica. El demagogo retorcer� el argumento para justificar la inmigraci�n expansiva donde no hay justificaci�n cabal posible, ni siquiera invocando cartas de derechos humanos redactadas en otro siglo y bajo circunstancias muy otras a las actuales.Entrada ya la estaci�n preelectoral, y con el PSOE curtido en el fino arte de agarrase a cualquier clavo ardiendo, al PP le urge articular un proyecto de gobierno que encare con honestidad y contundencia la inmigraci�n. El PP no puede ir un paso a la zaga de Vox en esta cuesti�n y le es menester defender en Espa�a lo que el Grupo Popular Europeo defiende en la Comisi�n Europea. Antes de nada, a todos los partidos apremia entender la inmigraci�n –conforme se asume en Europa– no como una cuesti�n de ideolog�a y partido, sino como materia de trascendencia nacional. Rep�rese en Dinamarca, modelo sociopol�tico entronizado por polit�logos liberales tales que Francis Fukuyama y David Runciman.Las pol�ticas danesas para la contenci�n migratoria se remontan al Ejecutivo del conservador Anders Fogh Rasmussen, formado en 2001. A ra�z de la crisis de los refugiados sirios en 2015, el Gobierno conservador de Lars L�kke Rasmussen reconfigur� la asimilaci�n de poblaci�n extranjera. Entre otras leyes, en 2018 el Parlamento dan�s sancion� la Ley de Sociedades Paralelas para prevenir la creaci�n de guetos; y en 2019, la enmienda denominada Cambio de Paradigma a la Ley de Extranjeros. Ese nuevo paradigma rescinde el principio de integraci�n e impone el de autosuficiencia y retorno (selvfors�rgelse og hjemrejse). Dinamarca ahora exige al inmigrante que se sustente econ�micamente y, en ciertos casos, que acabe regresando a su pa�s. Y, aunque los conservadores contaban con mayor�a parlamentaria, la oposici�n socialdem�crata vot� a favor de estas y otras leyes. Tras formar Gobierno en 2019, los socialdem�cratas no s�lo no han derogado ninguna ley antiinmigraci�n, sino que Frederiksen ha abanderado el frente europeo defensor de una contenci�n migratoria y de un multiculturalismo enriquecedor m�s que transformador.La inmigraci�n no es una cuesti�n de ideolog�a progresista, sino de fundamento democr�tico: de la voluntad del pueblo. En pa�ses como Reino Unido, Alemania y Dinamarca, los gobiernos socialdem�cratas afrontan la inmigraci�n en funci�n de esa voluntad ciudadana. En Espa�a, el Gobierno no solo ignora este clamor popular, sino que se lanza a regularizaciones y naturalizaciones que escandalizan al resto de Europa. Las pr�ximas elecciones generales no las determinar�n �balos, Cerd�n, Zapatero et alii, sino la inmigraci�n. Al PP compete vertebrar una pol�tica migratoria resolutiva, honesta y cre�ble, como tambi�n le apremia comunicarla al electorado.J. A. Garrido Ardila es catedr�tico del Consejo General de la Universidad de Edimburgo
Inmigraci�n y multiculturalismo: Espa�a y Europa
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