El proyecto europeo es un experimento creado en 1945 para evitar que la tercera guerra mundial fuera de nuevo en Europa y, en ese sentido, ha sido un rotundo éxito. Luego llegó la unión aduanera, la moneda única y la perfecta movilidad de personas que se firmó en la ciudad de Schengen. Europa fue el área del planeta que más progresó durante la Guerra Fría y en la era del petróleo barato. Pero, desde la primera crisis del petróleo, en 1973, Europa dejó de progresar y hoy se encuentra en crisis, con la producción de coches, su sector industrial emblemático, cayendo un 20 % desde la pandemia. Las personas, individualmente y en sociedad, son reacias al cambio y no lo hacen hasta que no les queda más remedio. Eso hace que, durante periodos prolongados, los países se alejen de la realidad, entren en procesos de disonancia cognitiva colectivos y aumente el desorden y la entropía. Pero, al final, la realidad se acaba imponiendo y la crisis, lejos del problema, es la vía para volver al equilibrio. El problema es que el equilibrio es diferente al anterior, los procesos son desordenados y tienen fricción social. Solo en este contexto se puede entender el Consejo Extraordinario de los ministros del Interior en Bruselas de ayer. La situación recuerda al fatídico Eurogrupo extraordinario de 2012, con un único punto del día: el rescate financiero de España. En aquel momento, España había perdido el acceso a los mercados financieros y no podía emitir deuda pública para pagar las pensiones y el sueldo de los funcionarios. Ahora la situación es menos dramática, pero, políticamente, el problema es el mismo: los socios europeos han dejado de confiar en la capacidad del Gobierno español para gestionar la crisis, en este caso migratoria. Ceuta es solo la gota que ha colmado el vaso. Sánchez es un animal político y solo piensa en clave de votos y de mantener el poder, pero el resto de los líderes europeos también son animales políticos y piensan igual que él. Durante años, Sánchez ha sido utilizado por Francia y Alemania en el Consejo como un comodín; Sánchez era percibido como un líder débil, pero era su líder. Desde 2023 y, especialmente, desde que Merz y la derecha recuperaron el poder en Alemania, Sánchez y España han empezado a ser un problema. TE PUEDE INTERESAR Empezó con su posición beligerante en la OTAN contra Trump. Recordemos la escena tan desagradable para el canciller alemán, con Trump, en la Casa Blanca, despotricando contra España, anulando el efecto político que pretendía el líder alemán en su país ante su electorado. Continuó con la posición de Sánchez en Palestina, de nuevo muy beligerante contra Israel y, de nuevo, contraria a la posición alemana. Pero la gota que ha desbordado el vaso es la política migratoria de Sánchez y, especialmente, la regularización que ha realizado este año. Todos los embajadores en España estarán informando a sus gobiernos de que la regularización está siendo caótica y un auténtico coladero, donde inmigrantes que residen ilegalmente en sus países vienen a España a conseguir papeles para regularizar su posición. El Gobierno español focaliza la crisis en Italia y Finlandia, pero la realidad es que 22 países han firmado la petición a António Costa para que convocara este Consejo extraordinario. Aparentemente, tras la rueda de prensa del ministro Marlaska, el Consejo fue bien y se resolvió sin excesivos problemas, lo cual, sin duda, es una buena noticia. Lo que no nos ha contado es a lo que se ha comprometido en el Consejo para conseguirlo, pero pronto lo sabremos; todo lo que se habla en el Consejo acaba trascendiendo a los medios. TE PUEDE INTERESAR Opinión La invasión de Ceuta fue tan brutal y tan desconcertante que el propio Pedro Sánchez está en shock y necesita tiempo para digerirla. El vecino del sur ha dejado de ser fiable, con mucha más intensidad que en 2021. Y el relato de Sánchez de las bondades de la inmigración, similar al de Zapatero de 2005, ya tenemos evidencia empírica suficiente para saber que es falso. Desde la segunda legislatura de Aznar, en el año 2000, España ha basado su crecimiento del PIB y del empleo en el aumento de la población inmigrante; los de primera y segunda generación ya superan los 11 millones de personas. Si, en vez de mirar el PIB, nos centramos en la renta y el consumo de las familias, que es el verdadero indicador de bienestar, la renta desde el año 2005 está estancada. Un país que está veinte años con el mismo nivel de renta es un modelo económico fracasado y la principal causa que ayuda a explicar el descontento de la población, la crisis institucional y la extrema fragmentación del Parlamento, que hace imposible la gobernabilidad. Si desagregamos la renta de los españoles por hogares, solo los pensionistas han conseguido aumentar su nivel de gasto, descontada la inflación, desde 2005 y, para conseguirlo, el Estado ha pasado de una deuda pública del 40 % del PIB al 100 %, y dos tercios del aumento de esa deuda lo explica el déficit del sistema público de pensiones. El resto de los españoles, en media, vive peor que hace 20 años, especialmente la cohorte entre 45 y 65 años, los boomers, que tienen un 10 % menos de gasto en consumo que en 2005 y que verán reducida significativamente su pensión, comparados con los pensionistas actuales, para evitar el colapso del sistema. TE PUEDE INTERESAR Esos 2.000 inmigrantes de saldo neto en Ceuta, tras el asalto, si llegan a la península y fueran regularizados, acabarían aumentando la tasa de pobreza y la desigualdad. La tasa de pobreza en España de extranjeros de fuera de la Unión Europea supera el 40 %. Esas personas accederían a sanidad y educación pública universal y tendrían prioridad de acceso al ingreso mínimo vital y a la vivienda de promoción pública, cuyo principal criterio de elección es el bajo nivel de renta. El 30 % de los contribuyentes en el IRPF declaran ingresos inferiores a 21.000 euros anuales y una buena parte de ellos son inmigrantes. Esos trabajadores apenas aportan un 6 % del total de recaudación del impuesto con el que financiamos el déficit del sistema de pensiones actual. Por lo tanto, si la presión europea sirve para que Pedro Sánchez cambie su absurda política migratoria, cambie su relato buenista y aterrice a la realidad, sin duda sería una excelente noticia. Zapatero tuvo que aterrizar en la realidad en la crisis de 2008, nombró a Celestino Corbacho ministro de inmigración en abril y en diciembre aprobó una Ley de Inmigración con un relato muy poco amable a la llegada de inmigrantes, similar al que tiene ahora Meloni en Italia. Pedro Sánchez era un simple concejal del Ayuntamiento de Madrid, que entró en las listas para el Congreso ese año, pero iba en un puesto de los de abajo y no consiguió escaño; pero, para hacer méritos, también tuvo que adoptar un relato duro contra la inmigración y, conociendo al personaje, no le costaría nada volverlo a hacer ahora. Veremos. El proyecto europeo es un experimento creado en 1945 para evitar que la tercera guerra mundial fuera de nuevo en Europa y, en ese sentido, ha sido un rotundo éxito. Luego llegó la unión aduanera, la moneda única y la perfecta movilidad de personas que se firmó en la ciudad de Schengen. Europa fue el área del planeta que más progresó durante la Guerra Fría y en la era del petróleo barato. Pero, desde la primera crisis del petróleo, en 1973, Europa dejó de progresar y hoy se encuentra en crisis, con la producción de coches, su sector industrial emblemático, cayendo un 20 % desde la pandemia.
La soledad española en Bruselas y la inmigración
La invasión de Ceuta por 72.000 inmigrantes ha dejado en evidencia la absurda política migratoria de Pedro Sánchez y nos deja en soledad en el Consejo Europeo










