Actualizado Domingo,
agosto
22:38La pol�tica migratoria de Pedro S�nchez forma parte del pasado para el coraz�n de Europa. La carta de 22 firmantes pidiendo m�s control fronterizo y menos medidas que puedan provocar efecto llamada ha dejado solo al gobierno espa�ol en Bruselas. Mientras tanto, las ciudades aut�nomas de Ceuta y Melilla tratan de recuperar una normalidad que ya convive con la sensaci�n de vulnerabilidad extrema a los caprichos de Marruecos. Tras ocho a�os en el poder, la Europa a la que lleg� S�nchez como presidente ya no se parece en nada a la actual.�Qu� ha cambiado en la pol�tica migratoria de la Uni�n? Para responder hay que viajar 11 a�os atr�s, al mar Egeo. El 2 de septiembre de 2015 la fot�grafa Nil�fer Demir retrat� en una playa de Bodrum (Turqu�a) el cad�ver de un ni�o de dos a�os ahogado al intentar cruzar en lancha hacia la isla griega de Kos. Viajaba con su familia kurda, que hu�a de la guerra rumbo a Canad�; murieron tambi�n su madre y su hermano Ghalib. Se llamaba Aylan Kurdi.Aquella imagen fue el detonante emocional de un giro de 180 grados. Se convirti� en el s�mbolo de la crisis y le dio una dimensi�n humanitaria: casi todos los gobiernos europeos (salvo Hungr�a y Polonia) modificaron su postura, y en menos de un mes se multiplicaron los compromisos de acogida. Lleg� en el momento justo: apenas unos d�as despu�s de que Merkel pronunciara su �Wir schaffen das� (lo lograremos). Europa se abri� de par en par a sirios, afganos e iraqu�es.En pocos meses, sin embargo, esa mentalidad aperturista empez� a cambiar por varios factores. Primero, la sensaci�n de descontrol: las im�genes de multitudes en la ruta de los Balcanes generaron angustia en cuanto pareci� ingobernable. Despu�s, la narrativa que asocia migraci�n e inseguridad, cristaliz� en los atentados de Par�s (2015) y Bruselas (2016), algunos de cuyos autores se hab�an infiltrado por rutas migratorias.El golpe decisivo en Alemania fue la Nochevieja de Colonia: una sucesi�n de agresiones sexuales masivas atribuidas mayoritariamente a hombres de origen extranjero que De Maizi�re, ministro del Interior, defini� como el punto de inflexi�n del debate sobre los refugiados, y que precedi� a la irrupci�n decisiva del partido ultra AfD en tres l�nder en 2016. A�os despu�s, nuevos ataques (Mannheim y Solingen, en 2024) empujar�an a Alemania a endurecer su pol�tica y reactivar las deportaciones.La ultraderecha, antes marginal, pas� a marcar la pauta, y el centro adopt� su discurso para no verse desbordado. Lo resume Fran�ois Gemenne, de HEC Par�s: �Si los l�deres centristas parecen superados en estos temas, pierden el control del relato, as� que se sienten obligados a exhibir firmeza fronteriza�. No es solo la derecha: desde la Dinamarca de Frederiksen hasta el Keir Starmer que advert�a del riesgo de una �isla de extra�os�, el centroizquierda se ha quedado sin una narrativa s�lida.Guerra h�bridaA ello se sum� la guerra h�brida. Bielorrusia empuj� a familias de Oriente Pr�ximo hacia la frontera de Polonia y Lituania en 2021; meses antes, Marruecos hab�a abierto su frontera de Ceuta de forma parecida a la actual. En este contexto, Europa solo se ha permitido una excepci�n: la acogida masiva de ucranianos. Pes� la proximidad -una guerra en la frontera de la UE, con Rusia como agresor- y una afinidad asumida de entrada: la clase pol�tica trat� a los ucranianos como �europeos como nosotros�.El modelo que Europa quiere abrazar hoy ya no es el de puertas abiertas de Merkel que solo sostiene S�nchez, sino uno m�s disuasorio, basado en deportar a los sin papeles a terceros pa�ses como Albania, aunque tenga dif�cil encaje legal. Espa�a, en cambio, ha puesto en marcha una regularizaci�n a la que se presentaron m�s de un mill�n de personas.El aislamiento de S�nchez es producto de dos movimientos simult�neos: Europa desliz�ndose hacia el cierre y Espa�a en una posici�n estructural donde los inmigrantes le permiten mantener un crecimiento econ�mico. El endurecimiento dej� de ser cosa de la derecha para volverse consenso transversal. Lo demuestra que la ofensiva contra el modelo espa�ol la coescribe Mette Frederiksen, socialdem�crata de la misma familia europea que el PSOE, y no solo Meloni o Merz. Cuando 22 de los 27 firman una carta que responsabiliza a la regularizaci�n espa�ola del efecto llamada, el relato de que le atacan �las ultraderechas� se cae: le ataca tambi�n su propia casa.La ola siria de 2015 apenas roz� a Espa�a, que acoge a muy pocos refugiados y nunca interioriz� el shock que endureci� a Alemania, Suecia o Dinamarca. Su inmigraci�n es sobre todo laboral -latinoamericana y marroqu�- y alimenta un mercado con escasez de mano de obra. Los espa�oles s� han cambiado de opini�n en estos ocho a�os de gobierno de S�nchez: la inmigraci�n escal� al primer puesto entre las preocupaciones del CIS, un vuelco que, subraya el soci�logo Hein de Haas, �refleja el discurso pol�tico, no un cambio real en los flujos�.La vulnerabilidad de Ceuta hace su aislamiento visualmente demoledor y permite a sus cr�ticos atar la regularizaci�n a la avalancha. Algo que esta Europa, la de 2026, teme mucho m�s que la de 2015.













