Inevitable referente de la narrativa nacional, la autora de ‘Como vivido cien veces’ conserva intacta esa curiosidad voraz que la definió desde la infancia.
Considerada por la crítica y los lectores como la madre de la novela histórica argentina, la escritora cordobesa mantiene una rutina envidiable: dicta talleres, conferencias y trabaja en nuevas obras.
La saga de los Osorio no solo posicionó a una de las familias más aristocráticas de la Córdoba del siglo 19 en el panorama literario global —con traducciones hasta al griego y al rumano—, sino que operó como un verdadero fenómeno cultural que revitalizó la industria editorial de la provincia.
—Llegás a los 89 años con una actividad constante. ¿Cómo vivís este presente y este reconocimiento?
—Entre el año pasado y este he tenido muchas consideraciones, mucho reconocimiento. Cumplí 89 años, todavía estoy trabajando, tengo alumnas, sigo haciendo la columna en La Voz, y no sabés la alegría que me da poder haber llegado a esta edad estando lúcida, trabajando y con ganas de hacer cosas. Siempre me acuerdo de mi madre; ella no llegó a cumplir los 89 porque tuvo un problema con los remedios y sufrió una muerte súbita estando sana. Mamá también pintaba.











