La maestra de intérpretes, de 81 años, publica sus memorias medio siglo después de la desaparición de su marido durante la dictadura argentina y 48 años después de su llegada a España como exiliada

Son las 11 de la mañana. Acaba una clase de teatro en la escuela de Cristina Rota, en el barrio de Lavapiés de Madrid, y una docena de chicos y chicas vestidos, es un decir, de puro verano sale en tropel a solazarse en el patio. Da gusto verlos. Al poco, llega la jefa de todo esto, Cristina Rota, del bracete de su hija Nur, hermana pequeña de Juan Diego y María Botto, de la que Rota estaba embarazada cuando llegó a España en 1978, tras la desaparición de su marido, Diego Botto, el 21 de marzo de 1977, en los primeros días tras el golpe militar en Argentina. Vestida con falda vaporosa, blazer marinera y zapatillas ultraligeras, tan frágil de aspecto como rotunda de verbo, Rota, que ha criado en esta incubadora de talento a generaciones de actores y actrices, de Penélope Cruz a Antonio de la Torre, pasando por sus propios hijos, viene a hablarnos de su libro: Una historia de teatro y resistencia, que recoge algunas de las muchas vidas que ha vivido a sus 81 años.

¿Por qué ahora?

Porque me lo pidieron. Dije que no. ¿Para qué? ¿A quién le interesa? No tengo ganas. Es, como diría mi amado Chéjov, como si me clavaran un puñal en el estómago, como entrar en un túnel del tiempo. Pero me puse a escribir. A impulsos. Y volví a recordar. A pasar las cosas por el corazón, re cordis, que es lo que significa la palabra. Y me salió no tanto hablar de mí, sino de mi generación. De mi abuelo navarro y mi abuela canaria emigrados a Argentina, de mi padre adicto al juego, de mi madre, el pilar de la casa. Recordé mucho la infancia, lo que queda indeleble, como una mácula que lo atraviesa todo. Y la dictadura. Y la maternidad. Nunca quise escribir, pero el libro se fue pergeñando solo porque me salía a impulsos.