Agustina Bazterrica, la escritora argentina, estuvo en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, en 2024; hoy y el sábado responderá a entrevistadores en Quito y en nuestra ciudad. Sus enormes novelas Cadáver exquisito (2017) y Las indignas (2023) ahora se acompañan con un libro de cuentos Diecinueve garras y un pájaro oscuro. Como soy fanática de su obra y fervor literario, me da por anunciar a los lectores que la experiencia de leerla y oírla es vital para crecer como amante de la ficción. Cuando se les pregunta a los escritores que por qué escriben, una puede prever las respuestas: por vocación, porque lo decidí cuando niño. Agustina es sumamente rotunda: “Si no escribo, me muero” y no se detiene hasta iluminar con pruebas la poderosa hipérbole, dando material para entender lo que es vivir inmersa en literatura, sometida con felicidad a ese mandato imperativo que solo se tranquiliza con las páginas que se consume o se produce. No se crea que hacer una declaración tan vehemente arranca a una persona de la realidad, ella sigue teniendo vida cotidiana, una pareja, una casa, una familia; tal vez lo único singular es que se pudo retirar del bufete de abogados donde laboró dos décadas y ya puede dedicarse por completo a los libros y esto es fácil de aceptar cuando se sabe que Cadáver exquisito ya se ha traducido a 30 idiomas. Cuando Agustina describe cómo lee –“con voracidad y lupa”– revela la primera fase de su experiencia, porque hay formas y formas de leer (imposible saltarse páginas, curiosear el final, dejar palabras sin comprender, referencias sin precisar). Ella busca el mecanismo interior que produjo un producto perfecto.El testimonio de cuánto tiempo usó y cuánto trabajó para plasmar su exitosa novela es impresionante. De una idea al pasar por una carnicería brotó una exploración acuciosa de cuánto implica comer carne animal e imaginar lo que significaría practicar canibalismo, cuyo apoyo encontró en el artículo del gran antropólogo francés Levi-Strauss “Todos somos caníbales” y ratificó con palabras de M. Caparrós. Queda claro por qué no considera que su novela sea narrativa de horror, aunque ese efecto haga a ciertos lectores. Cuando estuvo en Guayaquil, acababa de circular Las indignas, novela justa en tiempos de sectas, apropiación de personas y avizoramiento del apocalipsis. Los focos de poder y la tecnología nos hacen temer una suprema vigilancia, capaz de controlar todos los movimientos humanos. La infancia en un colegio de monjas deja plantados edificios de largos pasillos, celdas, salas de adoración, penitencia y castigo. De todo eso hay en una novela que crea círculos de mujeres en torno de un mando masculino. Agustina no oculta sus fuentes y hasta su proximidad accidental con El cuento de la criada, de Atwood. Logro total en el objetivo autoimpuesto de “decir más con pocas palabras”.Y como escribir es desafiarse a sí misma, revela la novela que está trabajando ahora, arraigada en su ciudad y con uso del lunfardo. Ya nos contará cómo la está abordando. Se escribe sin plazos (hay algunos que corren contra reloj para participar en concursos), con el cuerpo azotado por las sensaciones y con la conciencia de que se trata de “literatura o muerte”. (O)
Cecilia Ansaldo Briones: ‘Literatura o muerte’ | Columnistas | Opinión
Y como escribir es desafiarse a sí misma, revela la novela que está trabajando ahora, arraigada en su ciudad...













