Una mujer que decide ser la más fea del lugar, no esforzarse más ni invertir tiempo ni dinero en estar guapa para los otros. Primero deja de depilarse, luego de teñirse, finalmente de hacerse la manicura… “Al principio fue un acto de rebeldía contra las expectativas. Pero no resolvió mis inseguridades; seguía sintiéndome cohibida y expuesta, como la persona más fea de cualquier lugar. Entonces me di cuenta de que prácticamente siempre me había sentido así, independientemente del esfuerzo que hiciera. Una vez que dejé de hacerlo —salvo en raras ocasiones, para complacerme o sobrevivir en el trabajo— me liberé de la constante sensación de fracaso”, dice en un libro, Ugly: a letter for my daughter, publicado en mayo por la editorial Penguin Random House que está causando verdadero furor en Estados Unidos. Porque Stephanie Fairyington, la autora, no contenta con sus renuncias, intenta que su hija preadolescente también se libere de la esclavitud de la belleza.Ser guapo abre muchas puertas y multiplica las conexiones socialesFairyington cuenta en el libro que cuando tomó todas esas decisiones sobre su aspecto se mudó por trabajo a Los Ángeles, una ciudad donde abunda la belleza auténtica y también la de quirófano. “La abundancia de personas atractivas me liberó aún más. Aquí es imposible que esté a la altura”, se dijo. El libro publicado en Estados Unidos trata uno de los últimos tabúes de la sociedad moderna. Dejar de luchar, no intentar ser la mejor versión posible de uno mismo, aceptarse todo lo feo que uno es y obligar a la sociedad a mirarlo a la cara.Desde pequeños los humanos aprendemos qué es ser atractivo, qué privilegios supone, quiénes los disfrutan y quiénes no. Desde entonces pasamos gran parte de nuestra vida intentando alcanzar un estándar de belleza con múltiples estrategias, desde cortes de pelo, maquillajes y dietas hasta procedimientos quirúrgicos más invasivos que en los tiempos que vivimos consiguen definir una mandíbula a golpe de martillo o elevar varios centímetros la estatura rompiendo algunas piernas.Stephanie Fairyington defiende en 'Ugly: a letter for my daughter' la libertad de tomar decisiones respecto al físico de uno mismoPenguin Random HouseNo es solamente una cuestión de vanidad. De acuerdo con varias investigaciones ser percibido como bello o como atractivo tiene muchas ventajas. Estas personas consiguen ser contratadas más rápidos con mejores salarios, y tienen por tanto más éxito económico. Ser guapo abre muchas puertas y multiplica las conexiones sociales. Y, según los psicólogos, con estas personas funciona muy bien el efecto halo, es decir solo por ser atractivos se le adjudican otras cualidades que tienen que ver con la moral, con la limpieza y hasta con la ética del trabajo. Por eso se habla de inversiones estéticas. Se suponen que al interesado le traerá algún beneficio ese lifting o ese injerto capilar.Sin embargo, son mucho menos conocidas las desventajas de ser deliberadamente poco atractivo. Stephanie Fairyington se declara fea. “No de una manera que provoque miradas de asombro; simplemente soy insípida, ofensivamente insípida, una persona que se ha rendido o que no se esfuerza”, escribe en su libro. Y se sorprende de cómo molesta su actitud sobre todo a otras mujeres. “Aceptar la fealdad es casi el peor pensamiento que uno puede tener sobre uno mismo”. Y dice que el verdadero pecado de la vida moderna es dejar de preocuparse por la apariencia, no invertir, no aprovechar todas las vías posibles para ser un poco más guapo.El libro es también el lamento de una madre que intenta imaginar un mundo para su hija donde la belleza física no sea tan importanteEl libro es también el lamento de una madre que intenta imaginar un mundo nuevo para su hija donde la belleza física ya no sea algo tan importante, a lo que deba dedicarse tanto tiempo y esfuerzo. Fairyington reconoce que su hija no intenta, al menos de forma consciente, complacer a nadie más que a sí misma. Le gusta pintarse las uñas, admira los extravagantes atuendos de las drag queens, le gustan los chicos y disfruta jugando a hacer rituales de brujería bajo la luna llena.En el libro, la autora transcribe conversaciones cotidianas con su hija. Por ejemplo, su hija renuncia a un disfraz cuidadosamente elegido para la fiesta de Halloween después de la burla de una compañera, y Fairyington solo puede observar con tristeza cómo la opinión de otra persona influye en las preferencias de su hija. Otras veces pregunta a la niña qué le gusta de lo que su cuerpo puede hacer, en lugar de cómo se ve a sí misma, y su hija responde que le encanta que su cuerpo pueda nadar, hacer pulseras, bailar, cantar, trepar a los árboles y jugar videojuegos.Lee tambiénY este sentimiento de admiración y asombro hacia todo lo que puede hacer nuestro cuerpo, es según los investigadores, una manera eficaz de acallar la autocrítica y el disgusto que se va filtrando en nuestra vida ante los constantes recordatorios de todo lo que es susceptible de mejorar en nuestro aspecto.El libro, aún sin editar en España, es un camino poco trillado sobre la libertad de no intentar controlar nuestra apariencia. Según la teoría de la autora aceptar simplemente cómo nos vemos elimina mucha presión y libera un montón de tiempo para centrar nuestra atención en otra cosa. Al fin y al cabo, siempre seremos el feo (o el guapo) de alguien.