El comienzo de la serie Love Story, de Ryan Murphy, muestra a Carolyn Bessette pidiéndole a la manicurista que cambie el rojo de sus uñas por una tonalidad nude para contentar a su familia política. Al sustituir un tono distintivo y llamativo por uno absolutamente discreto, se traza una metáfora visual que alude al borrado de la identidad propia para contentar a los demás. Quizá por eso muchas personas en internet se refieren a estas uñas como “la manicura de la muerte”. Y también porque Edward Klein insinuaba en The Kennedy Curse (St. Martins Press-3PL, 2004) que el accidente de avión que acabó con la vida del matrimonio y de la hermana de Bessette fue de alguna manera culpa de la joven, pues llegó tarde al encuentro por su empeño en cambiar el color de sus uñas, que produjo un retraso que obligó a que la pareja cogiera el avión de noche. Cantidad de influencers adineradas aseguran ahora en sus perfiles que ya no tienen tiempo que perder en manicuras, razón por la que ha emergido el debate sobre las uñas como marcadores de clase. “El consenso general es que las uñas cortas y sin esmalte indican un nivel de despreocupación que solo la riqueza y el privilegio pueden permitirse. No hay nada inherentemente malo en que te gusten las uñas nude. A mí me gustan, pero me molesta que se arrincone de nuevo el nail art llamativo y chirriante que ha pertenecido de siempre a comunidades marginadas”, dice en sus redes sociales la periodista de belleza Kristina Rodulfo.Lucero Hurtado, nail artist y manicurista de celebridades como Penélope Cruz, asegura que durante mucho tiempo ha existido un doble rasero con ciertos estilos de uñas. “Diseños que en mujeres negras y latinas se han considerado poco profesionales, después se han convertido en tendencia cuando los han llevado otras personas. Como profesional, creo que una manicura no define la elegancia ni la profesionalidad de nadie. Las uñas son una forma de expresión y todas las elecciones deberían respetarse”, dice.En el desfile otoño-invierno 2026/2027 Marc Jacobs prescindió por completo del gel y del esmalte en las uñas de las modelos, mientras que Joseph Altuzarra también pidió a los responsables de la manicura del show que las uñas de las modelos no mostraran color alguno, por lo que finalmente Erica De Los Santos, encargada de la manicura del desfile, eligió esmaltes translúcidos que se ajustaban al subtono de piel de cada una de las modelos participantes. En la última gala de los Globos de Oro, figuras como Jennifer Lawrence apostaron también por la ‘no-manicura’. En lugar de esmalte, la manicura japonesa se caracteriza por aplicar una pasta formulada especialmente para nutrir la uña. Pero incluso esas uñas naturales siguen requiriendo esfuerzo, pues esta tendencia exige disponer de diferentes productos para abrazar la clean aesthetic que se convierte en una herramienta de poder con mucha influencia que defiende el abrazo a “la buena mujer” que cuida de su casa, tiene una belleza natural y encarna el ideal máximo de feminidad. “La belleza en realidad no es cómo te ves; la belleza son las preferencias que reproducen el orden social existente”, escribe Tressie McMillan Cottom en Thick: and other essays (The New Press, 2019). Lucero Hurtado aclara a S Moda que aunque en la actualidad la manicura muy natural se asocia al lujo silencioso y a la elegancia, unas uñas cortas y sin esmalte también necesitan cuidados y mantenimiento. “El verdadero lujo no es no llevar esmalte, sino llevar unas manos impecablemente cuidadas. Se busca una belleza mucho más discreta y una manicura natural que transmita sofisticación”, apunta.La consultora de marcas Miranda Shanahan se pregunta en redes si hacerse la manicura ya no es el símbolo de estatus que solía ser. Esas dudas le surgen tras ver el vídeo en el que la influencer Valeria Lipovetsky afirma haber dejado de hacérsela. “Desde entonces, se ha generado un amplio debate sobre si no hacerse la manicura es señal de verdadera riqueza, ya que implica que el tiempo es demasiado valioso como para desperdiciarlo en el salón cada tres semanas. Esto es un ejemplo clásico de contraargumentación. Cuando un símbolo de estatus se vuelve común, las personas en la cima optan por no usarlo para demostrar que no lo necesitan”, dice. “Lo mismo sucedió con los logotipos de diseñador, incluso con el autobronceador. ¿Podría estar ocurriendo ahora con las manicuras?”, se pregunta.“Primero, que si llevar las uñas decoradas por un salón de estética era señal de riqueza. Ahora que las manicuras se han abaratado y son accesibles, el nuevo indicador de estatus y distinción de las famosas es llevarlas cortas y al natural, porque es la opción más práctica con todos los compromisos que tienen en su día. Yo qué sé chicas, es imposible seguirle el ritmo a todas las tendencias absurdas que nos venden en las revistas sobre cómo tenemos que lucir las mujeres”, comenta Mara Mariño, autora de autora de #S3xpidemIA (Editorial Loto Azul, 2025), en stories de Instagram.La periodista Tariro Makoni explica en un post titulado Stealth Status: What Your Manicure Says About U (Lujo silencioso Lo que tu manicura dice de ti) que se ha dado cuenta de que la manicura es profundamente política. “Hay chicas con uñas al natural que se dan un aire a Jane Birkin: son la viva imagen de alguien que nunca ha pensado en hacerse la manicura en su vida… Las chicas tipo Jane Birkin aman la naturaleza de verdad, prefieren ser Emerson antes que Didion o Babitz y debido a su desenfado general, son tan elegantes que la clase les sale por los poros. Por desgracia, se nace con esto (lo siento), y suele surgir de la exposición a una gran riqueza a una edad muy temprana, o de padres casi nihilistas que te enseñaron que los placeres de la vida son tuyos, que nunca deben ser dictados por el interés de las masas”, escribe. “¿Y por qué es necesario nacer en ese entorno? Bueno, siempre tendrás más poder en la estructura en la que naciste y te criaste que en aquella que heredaste por contrato. Esto es lo que crea un estrato protegido e impenetrable: el misterio de las uñas al natural de Jane Birkin reside en que ella no piensa en ser una Jane Birkin... simplemente lo es”, dice.“El razonamiento es que las personas adineradas y de alto estatus están demasiado ocupadas como para molestarse con las citas regulares de manicura de varias horas y el mantenimiento meticuloso que requieren las manicuras caras (propaganda de ‘girlboss’ si es que alguna vez he oído algo así)”, dice en Allure Sable Yong. El fenómeno girlboss defiende que la realización personal, el empoderamiento y la igualdad de las mujeres se consiguen a través del éxito profesional. Se ha cuestionado por intentar presentar como feminista una lógica basada en la competencia y el ascenso dentro de estructuras capitalistas, invisibilizando problemas como la explotación laboral y el individualismo. Muchas personas han asegurado que el renovado interés por las uñas naturales es una clara señal de recesión económica. El problema es que la mayoría de salones de manicura están gestionados y atendidos por mujeres, en muchas ocasiones racializadas, por lo que aunque es cierto que no todo el mundo puede acceder a estos servicios, también lo es que decir que son innecesarios menosprecia su formación y su trabajo y supone poner una nueva traba a estas mujeres. Aunque por descontado es maravilloso que las tendencias de belleza aboguen por despojar a las mujeres de presiones estéticas que les exigen invertir tiempo y dinero, es conveniente tener en mente si estas no contribuyen a marginar a quienes ya lo están de base. Sería iluso pensar que precisamente cuando la delgadez extrema y el minimalismo se imponen, el adiós a las uñas exageradas no tiene una explicación ideológica. Ya lo decía C. Tangana: la “mala mujer” es la que deja arañazos con sus uñas de gel por lo que en tiempos en los que se defiende a su revés, es decir, a ese ángel doméstico, las uñas naturales son las que triunfan. Quizás no arañan, pero sin duda, hablan.
La no-manicura y su reverso clasista: cómo las uñas naturales pueden ser propaganda neoliberal
El regreso de la tendencia de las uñas naturales no solo es síntoma de recesión sino que tiene una lectura del buen gusto que margina una vez a ciertas minorías












