En la última hora, cuatro de las cinco mujeres que han entrado a este salón de uñas en el barrio madrileño de La Latina han pedido el servicio de uñas acrílicas con una extensión superior al centímetro y medio. Los estilos varían: almendra con francés, cuadradas a un solo color o stiletto a negro con brillos en el dedo anular. “A nosotras nos mola y no lo sentimos invasivo para nada, no te toma ni un día acostumbrarte a coger el teléfono, las llaves, lo que sea”, dice Sofía, una joven de 21 años que ha acudido al sitio con su amiga Laura. Ambas se han realizado la manicura con uñas acrílicas porque “dura más que el semipermanente” y tienen un viaje a la vuelta de la esquina y quieren lucir sus nuevas uñas en las fotos.La tendencia de las uñas largas, como los diferentes hitos de la moda, ha cambiado con el paso del tiempo. A inicios de año, la revista Elle publicó que en 2026 las uñas pequeñas y con colores oscuros estarían en boga. El estilo de uñas larguísimas e hiperdecoradas que pusieron de moda artistas como Rosalía, Cardi B o Rihanna hace una década está en decadencia. Sin embargo, en el mundo de la ciencia, los retos que implica mantener las uñas estilizadas continúan siendo fuente de experimentos. Un grupo de investigadores del Centenary College de Luisiana, encabezado por la estudiante de pregrado Manasi Desai, ha desarrollado un esmalte transparente capaz de convertir las uñas largas en una especie de lápiz óptico, que permite interactuar con móviles y tabletas directamente con la uña. Aún en fase experimental, esta laca funciona generando pequeños movimientos de carga de protones cuando entra en contacto con la pantalla. Lo suficiente para que el dispositivo interprete que se está produciendo un toque cuando la uña esmaltada se acerca a la pantalla.Joshua Lawrence, el profesor especializado en química orgánica que ha asesorado a Desai en la investigación, explica que “cuando un material conductor interrumpe el campo eléctrico que hay en los teléfonos inteligentes o tabletas —como un dedo o una gota de agua— la superficie cambia su capacitancia, lo que significa que el dispositivo interpreta entonces ese cambio de capacitancia como un toque”.La investigación recurrió al clásico caso de prueba y error. Desai y Lawrence utilizaron 13 esmaltes transparentes comerciales para combinarlos con más de 50 químicos distintos hasta dar con una mezcla que funcionara y, sobre todo, que no fuera tóxica. Los mejores resultados llegaron con dos compuestos: la taurina, conocida por usarse como suplemento, y la etanolamina, una molécula que está presente en la membrana de las células de todos los seres vivos. Sin embargo, cada uno tiene sus problemas.La etanolamina ayuda a que la pantalla “responda” al esmalte, pero es bastante tóxica: es un líquido inflamable, corrosivo y con un olor similar al amoníaco. Mientras que la taurina por sí sola hace que la laca se torne oscura. La mezcla de ambos compuestos funcionó para que el móvil detecte el toque de la uña sin ser dañino para la salud, ni cambiar la transparencia del esmalte, pero la combinación hace que la composición de la laca se haga más densa. Una sola capa da la sensación de una masa gruesa sobre la uña: “Se ve asqueroso”, reconoce Desai.Este primer avance, presentado en la reunión de primavera de la Sociedad Estadounidense de Química en Atlanta, no está ni cerca de llegar a las tiendas, afirma Desai. Además de la estética desagradable, la etanolamina se evapora rápidamente cuando el esmalte se seca. “No es que deje de funcionar en unas horas, pero en un par de días dejará de ser conductor, y en una botella para tener en casa no duraría”, admite la investigadora.Los resultados, aunque favorables, no son concluyentes. Desai y Lawrence señalan que, antes de pensar en comercializar el producto, se deben hacer más experimentos con diferentes compuestos con la finalidad de dejar un esmalte funcional, estético y cero tóxico. Esta investigación surgió debido a la curiosidad de la estudiante de 20 años de indagar en el mundo de la química cosmética e intentar resolver un problema, en teoría, cotidiano.La complicación que llevó a Desai y al equipo del Centenary College de Luisiana a trabajar en el proyecto durante los últimos ocho meses no es catalogada por Carina Loaiza como un problema que “le dificulte la vida”. La artista de uñas trabaja usando extensiones de hasta cuatro centímetros con decorados voluminosos hechos con gel y otros materiales. “Yo uso las uñas muy largas y no me entorpecen en nada, uso mi dispositivo con completa normalidad. Me da la sensación de que (el experimento) lo está haciendo gente que no es usuaria de uñas, porque realmente no es algo que se pueda usar como lápiz de iPad, no es orgánico ni natural escribir o dibujar con las puntas de las uñas”, contesta por videollamada. Los experimentos que fracasaronLa novedad de esta investigación es que es la primera vez que se logra llegar a una fórmula no tóxica en el propio esmalte de uñas. La idea de “escribir con las uñas” lleva más de 10 años rondando laboratorios y startups. Pero hasta ahora, ninguna solución ha conseguido dar el salto al mercado masivo.Uno de los primeros experimentos, en 2015, incluía colocar pequeños imanes en las uñas: las “huellas magnéticas” permitían diferenciar entre tipos de toques a la pantalla –el normal y el magnético– y tenían una eficacia del 95% de acuerdo con un estudio de la Universidad de Cornell en Nueva York. Otra patente externa a la uña llegó en 2019, también en EE UU. La idea de George Thomas Straza fue agregar por debajo de la uña un lápiz óptico capacitivo para interactuar con las pantallas táctiles.En el ámbito químico, en 2020, el investigador Larry Levine patentó un esmalte con un líquido conductor diseñado específicamente para mejorar la interacción con pantallas táctiles. No obstante, esta laca solo sirve para usarse en los bordes de las uñas acrílicas o artificiales debido a que contiene químicos dañinos para la salud. Otro experimento ruso intentó agregar grafeno, un material bidimensional formado por una capa de átomos de carbono, al esmalte de uñas para conseguir conductividad. Aunque exitosa, esta mezcla de químicos resulta dañina al contacto de la piel y la uña, además de ser nocivo en caso de ser inhalado.Ante la amplia gama de experimentos, surge una paradoja: mientras la ciencia busca fórmulas para que las uñas funcionen “como dedos”, en los salones como el de La Latina, Sofía y Laura aseguran que han aprendido a llevar las uñas estilizadas sin problema. Puede que algún día exista el esmalte perfecto, pero quizá, para entonces, la solución ya lleve años en la práctica cotidiana.