A mediados de los a�os 90, tras caerse desde varios metros de altura mientras hac�a trabajos de poda, Carlos Gonz�lez Xim�nez se fastidi� seriamente un tobillo. El accidente le oblig� a permanecer en cama dos meses. Inmovilizado y sin otra cosa mejor que hacer durante la convalecencia, aprovech� para ordenar la informaci�n que hab�a comenzado a reunir para un futuro proyecto fotogr�fico. El mismo al que le ha dedicado las �ltimas tres d�cadas.�Hice un mapa y me dije que, en cuanto me recuperase, ir�a a esos lugares para conocer sus mascaradas. Los primeros a los que retrat� fueron Los Carochos de Riofr�o de Aliste (Zamora). Coincid� all� con un franc�s que no s� ni c�mo se enter� de que se celebraba aquella fiesta�, comenta Gonz�lez Xim�nez (Madrid, 65 a�os) desde su casa en la Sierra de Guadarrama. �A m� no me atra�an los carnavales ni los espect�culos; buscaba los ritos que hablan del tiempo, de la tierra y de quienes los habitan�. Coincidiendo con el solsticio de verano, acaba de cerrar con �xito una campa�a de micromecenazgo para publicar en una cuidada edici�n 150 im�genes de quienes protagonizan los rituales de invierno del noroeste de la Pen�nsula Ib�rica. El libro, concebido al mismo tiempo como documento visual, archivo art�stico y exploraci�n etnogr�fica, invita a adentrarse en un universo que remite a los cambios de estaci�n y las fases de las cosechas. Un imaginario tan m�gico como desconocido para varias generaciones de urbanitas. �Mientras nuestras ciudades pierden los ciclos naturales y la luz se diluye entre edificios, en muchas aldeas los ritmos siguen marcados por la tierra y el cielo. Las mascaradas forman parte de un calendario profundo que recuerda que el tiempo es c�clico y que pertenecemos a algo m�s grande que nosotros mismos�, expone en la web de M�scara ib�rica, su antolog�a. �Abandonemos por un momento las obligaciones de la sociedad contempor�nea y naveguemos por el mundo de las m�scaras, los ciclos, los astros y el tiempo�, anima con el mismo argumentario del director de un retiro detox, pero con la sabidur�a que confiere la observaci�n in situ de algo �nico.El inter�s de Gonz�lez Xim�nez por estas manifestaciones de identidad, memoria y territorialidad es cada vez m�s compartido en un pa�s que por fin est� dejando de mirar a la ruralidad con verg�enza y desprecio. O que ha entendido lo que, parafraseando a Oscar Wilde, explic� un Bob Dylan con la cara blanca de mimo durante la gira Rolling Thunder Revue (1975-76): �Cuando alguien lleva una m�scara, te dice la verdad. Cuando no la lleva, es poco probable que la diga�.Para saber m�sOviedo fue hace unas semanas sede del Festival Internacional de la M�scara Ib�rica (FIMI), un foro que en casi dos d�cadas –no se celebr� dos a�os por el Covid– nunca hab�a salido de Portugal. Durante una semana ha convertido la capital del Principado en un muestrario ambulante de los mil personajes del Entrudo/Entroido/Antroxu, el Carnaval de nuestros tatarabuelos. Coloquios y mesas redondas dieron paso en la �ltima jornada a un espectacular pasacalles en el que pudieron verse m�scaras, con sus correspondientes trajes, de diferente inspiraci�n. Una hecha en un tronco hueco y cierto aire de pel�cula de Tim Burton o de c�mic de Luke Pearson. Otra elaborada con granos de ma�z y cuernos de mazorca. Otra m�s con un velo negro rematada con la cabeza de un jabal�... Todas ellas acompa�adas de pieles, accesorios de ganchillo, esparto o paja, cachiporras, herraduras, conchas, plumas, huesos y cencerros. Helder Ferreira ejerce como coordinador del FIMI desde su creaci�n �casi por casualidad� en 2006. �Jam�s imaginamos que aquel desfile inicial se transformar�a en un festival de esta envergadura�, admite este soci�logo metido a investigador y dinamizador. �Si bien en los primeros a�os nos centramos en dar visibilidad y credibilidad cient�fica a estos rituales, hoy nuestra misi�n ha trascendido. Ahora est� enfocada en el desarrollo territorial mediante puentes culturales. Queremos llevar las tradiciones a las escuelas, reforzar el sentido de pertenencia e identidad de las comunidades y promover una fusi�n contempor�nea de las m�scaras con las artes visuales, la m�sica y la artesan�a�, cuenta a prop�sito de una iniciativa que de momento ha propiciado m�s de 50 exposiciones dentro y fuera de Europa y una quincena de libros, contando el que se publicar� a finales de 2026 con las ponencias de Oviedo y alrededores.La celebraci�n del FIMI en Asturias, adem�s, quiere servir para darle un empuj�n a la declaraci�n de les mazcaraes d’iviernu como Bien de Inter�s Cultural (BIC) de car�cter inmaterial. Una catalogaci�n que ya disfrutan el Cucurrumacho de Navalosa (�vila) y el Zangarr�n de Sanzoles (Zamora). Igual que los Vixigueiros de Samede (A Coru�a) y el Jarramplas de Piornal (C�ceres). O los Pauliteiros de Miranda do Douro (Portugal).Yolanda Cerra Bada es doctora en Antropolog�a Social y Cultural y la investigadora que est� estudiando las mascaradas como expresi�n del folclore asturiano para el expediente BIC. �He descubierto una enorme y sorprendente variedad. Hay una casu�stica interesante tanto de festividades como de actores�, subraya quien ha percibido de forma clara �una corriente de aprecio y valoraci�n�.�La tradici�n de las m�scaras en Espa�a es inmensa y vibrante. Estos rituales tienen una enorme vitalidad en regiones como Galicia, Asturias, Cantabria, Pa�s Vasco, Navarra, Castilla y Le�n, Castilla-La Mancha, Extremadura e incluso las islas Canarias�, contextualiza Ferreira. �El gran basti�n ib�rico se encuentra en el norte. En Portugal, la regi�n de Tr�s-os-Montes ocupa un lugar central; en Espa�a, Galicia destaca como la comunidad con el mayor n�mero de tradiciones activas y aut�nticamente vividas por la poblaci�n. Ha sido fascinante presenciar c�mo en los �ltimos 10 a�os se han recuperado antiguas fiestas en ambos pa�ses. En Asturias, por ejemplo, en 2008, s�lo se hab�an inventariado siete fiestas; hoy hay m�s de 17�.�Por qu� en la Pen�nsula Ib�rica hemos usado m�scaras durante siglos para festejar los ritos de paso? �Yo no dir�a durante siglos, sino desde siempre�, especifica Ferreira. �En una de las conferencias de la edici�n asturiana del FIMI, el arque�logo lisboeta Lu�s Raposo exhibi� im�genes del hechicero de las cuevas de Trois Fr�res, del cham�n de Lascaux, de las representaciones de Altamira y de m�scaras de piedra de m�s de 9.000 a�os de antig�edad. Los seres humanos siempre han tenido la necesidad vital de comunicarse con los dioses y los esp�ritus de la naturaleza. La Vijanera de Sili� (Cantabria) es un ejemplo perfecto de ello. Con la aparici�n de religiones estructuradas como el cristianismo, estos rituales paganos se adaptaron a los nuevos dogmas. El solsticio de invierno, que marca la muerte del a�o viejo y el nacimiento del nuevo, siempre ha sido el momento propicio para pedir protecci�n para la salud, la fertilidad, la caza y las futuras cosechas. Estas plegarias precristianas llegan hasta nuestros d�as�.Cerra Bada considera que en el renovado inter�s popular por las mascaradas tambi�n influye, y mucho, el esp�ritu de nuestra era. La m�scara se interpreta ya no tanto como una ventana al misterio de lo at�vico, que tambi�n, sino como una reacci�n a un tiempo de permanente enfrentamiento, ultratecnol�gico e hiperindividualista. �Tiene que ver con lo que se ha denominado El reencantamiento del mundo�, se�ala la investigadora a prop�sito de una actitud �tica, est�tica y ecologista al alza. �Algunos autores sosten�an que con la industrializaci�n y la secularizaci�n se perder�an estos rituales y su magia. Que el mundo estar�a determinado por la racionalidad. Esos augurios no se han cumplido. El reflujo de la globalizaci�n, que trajo la uniformizaci�n econ�mica y cultural, es precisamente esta b�squeda. Estamos buscando mecanismos para reconectar con el territorio y con la comunidad. De ah� la reivindicaci�n de las lenguas propias y el regreso de las tradiciones all� donde se hab�an perdido. A partir de 1950, con el �xodo del campo a las ciudades, las fiestas populares decaen en toda Europa. Lo rural entonces dej� de molar�. En Espa�a hubo que esperar hasta finales de los a�os 70, con el regreso de la democracia, la firma de la Constituci�n y la configuraci�n del Estado de las autonom�as, para sacar pecho por lo aut�ctono sin sufrir una penalizaci�n. En Asturias, en concreto, la recuperaci�n de los Sidros y les Comedies de Valdesoto (2004) puede verse como un primer precedente.Pero el big bang se hab�a producido mucho antes. El aut�ntico estallido lo propici� una muestra de Cristina Garc�a Rodero en el antiguo Museo Espa�ol de Arte Contempor�neo (MEAC) de Madrid. Hablamos, por supuesto, de la exposici�n de su proyecto Espa�a oculta, inaugurada en mayo de 1989 y que puso al alcance una lectura in�dita de los ritos, fiestas y tradiciones del pa�s. Garc�a Rodero invirti� 15 a�os en documentarse y materializar la serie, que entre cofrades, ancianas enlutadas y muchedumbres en la era reservaba un hueco para El Zangarr�n, El Jarramplas o El Peliqueiro de Laza (Orense).�Me dej� con la boca abierta. Yo hab�a empezado a trabajar en torno a la religiosidad popular en esa �poca y Espa�a oculta coincidi� m�s o menos con otra muestra de Publio L�pez Mond�jar a la que yo aport� ocho fotos�, recuerda Carlos Gonz�lez Xim�nez. Quien, adem�s, comenta que entonces uno de sus hermanos iba con frecuencia a �frica y se financiaba los viajes vendiendo algunas m�scaras que tra�a. As� que se convirti� sin pretenderlo en un peque�o coleccionista.�Al ver algunas de las mascaradas en las que hab�a estado Cristina, pens�: ‘Joder, si aqu� tenemos nuestra propia cultura ind�gena...’. Me puse a investigar en plan antrop�logo aficionado, porque hab�a muy pocos datos�, admite. Acab� estudiando a fondo cultos agroganaderos como las dionisias de la antigua Tracia y las lupercales de Roma... y yendo a la esquina atl�ntica de la Pen�nsula en coche todos los fines de semana entre diciembre y marzo. La propia Garc�a Rodero se sum� durante dos a�os a sus expediciones.Hoy son colegas como Rober de la Torre (Vigo, 47 a�os) y Ainhoa Tejerina (Pamplona, 51) quienes est�n acercando al p�blico masivo unas figuras patrimoniales de primer orden que, como otros elementos t�picamente festivos, sirven de aglutinante social e icono diferenciador frente a las localidades vecinas. El espacio expositivo de ambos no es la planta baja de un museo, sino el muro infinito de Instagram. De la Torre estudi� Antropolog�a e Historia de las religiones. Conoce las tripas del Carnaval rural mejor que un ar�spice. Lleva 20 a�os escudri��ndolo por pura vocaci�n, porque el trabajo con el que paga las facturas es el de mec�nico. Su coche, precisamente, tiene una d�cada y 300.000 kil�metros. Ha estado con su c�mara enfrente de 200 enmascarados, muchos de los cuales lucen con sus vistosos atuendos y sus rostros convenientemente cubiertos en la serie Microcosmos. �Empec� en Laza y me fascin� c�mo lo viven�, confiesa. �Para ellos es un honor vestir el traje tradicional, que no consideran un disfraz. Esa ilusi�n me hizo querer indagar m�s a fondo. Y tambi�n la obsesi�n del ser humano por comunicarse con lo sagrado desde tiempos primitivos. Los enmascarados no dejan de ser personas que se transforman en un periodo y en un espacio determinados para comunicarse con lo sagrado para obtener alguna respuesta sobre lo que nos trasciende. Como hace un cham�n... o un cura. Cuando oficia una misa, �ste no lo hace con vaqueros y sudadera, sino que se pone una estola y una casulla. Los enmascarados se convierten en una criatura que no es ni macho ni hembra, que tiene atributos de poder y camina de forma extra�a�, analiza.Tejerina es profesora de Primaria en Olite (Navarra). Cuando no da clases, est� haciendo clic a la Espa�a sin tiempo de los nazarenos y las romeras. Tambi�n al mundo misterioso de los Dimonis (Mallorca) y los Tapats (Ibi, Alicante). Lleva cerca de una d�cada sigui�ndoles la pista. Y tiene una prueba irrefutable de que el inter�s est� calando: su absorci�n por la cultura popular.�Se ve en la m�sica que fusiona sonidos tradicionales y contempor�neos. Los gallegos Baiuca acompa�an siempre sus actuaciones con mascaradas o gui�os al Carnaval. Los navarros Zetak hacen algo parecido y no s� si el asturiano Rodrigo Cuevas tambi�n...�, apunta la fot�grafa. �Me llama la atenci�n que gente que hace m�sica folk use mi trabajo como inspiraci�n�, a�ade Gonz�lez Xim�nez. �Varios ilustradores europeos y mexicanos me han pedido alguna imagen. Y en el confinamiento me contact� Alejandro Guill�n [el m�sico detr�s de Baiuca] para que, por favor, le dejara utilizar una imagen para ponerla de fondo en su tema Solst�cio en YouTube�.Lo parad�jico es que, despu�s de soportar durante d�cadas una pesada lona de indiferencia, este magma de tradiciones podr�a morir de �xito. El inter�s tur�stico y la comercializaci�n de la experiencia viajera como mero suvenir amenazan con convertir algunos desfiles en photocalls descontextualizados. ��Qu� pinta un Jarramplas paseando por Oviedo? Nada. Fuera del entorno y del momento en el que aparece, se convierte en un Mickey Mouse o un pato Donald disfrazado. Pierde la esencia del ritual�, denuncia De la Torre la marcha a pie que puso fin al FIMI. �Cuanto m�s famosas se vuelven unas fiestas y m�s gente acude a verlas, m�s se espectacularizan�, lamenta a su vez Tejerina. Que no reh�ye la autocr�tica: �A algunas fiestas antes �bamos cuatro fot�grafos y ahora somos tantos que tienen que poner unas vallas para que no cortemos ni interfiramos en el pasacalles. Eso hace que se transformen en otra cosa�. Quiz� por eso Carlos Gonz�lez Xim�nez, desde hace un tiempo, retrata a los enmascarados de M�xico y Bulgaria.