Tenía 16 años cuando una avenida torrencial del barranco de Arás arrasó el camping Las Nieves de Biescas, el 7 de agosto de 1996. Aquella tarde, perdió a sus padres y a sus dos hermanos. Treinta años después, Sergio Murillo, que vive en Pamplona con su mujer y sus hijos, habla con serenidad, aunque reconoce que cada aniversario vuelve a removerle. Arquitecto, padre de familia y una de las voces que más perseveró durante la larga batalla judicial para demostrar que la tragedia era previsible y evitable, sostiene que el mayor homenaje a las víctimas consiste en no olvidar nunca lo ocurrido.
Murillo reivindica la responsabilidad de las administraciones, teme que las lecciones de Biescas vuelvan a caer en el olvido y defiende que la memoria de las 87 víctimas es la mejor herramienta para evitar nuevas tragedias.
Se cumplen 30 años del 7 de agosto de 1996 y, como superviviente de la tragedia de Biescas, tiene que regresar inevitablemente a aquel día. ¿Alguna vez ha conseguido salir realmente de él?
Siempre lo llevas contigo. Hay épocas en las que convives mejor con ello y otras en las que cualquier recuerdo vuelve a removerte. Cuando ocurre una tragedia parecida o llegan los aniversarios, inevitablemente te afecta. Eso no desaparece nunca.






