Pablo Alvira Fuertes |

Huesca (EFE). – Treinta años después de la riada que arrasó el camping Las Nieves en Biescas (Huesca) el 7 de agosto de 1996, que dejó 87 fallecidos y más de 180 heridos, las secuelas no solo se miden en cifras o en sentencias judiciales, sino en la manera de aprender a volver a vivir cuando se ha perdido todo.

Para quienes sobrevivieron y perdieron a sus familias, la verdadera reconstrucción ha consistido en aprender a vivir con la ausencia permanente, en levantar la mirada para aceptar que nada volverá a ser como antes y en asumir que hay heridas que no desaparecen, sino que pasan a formar parte de la propia identidad.

Objetos en recuerdo de las víctimas en las instalaciones del antiguo camping Las Nieves de Biescas (Huesca). EFE/ Javier Blasco

La tragedia ocurrió la tarde del 7 de agosto de 1996, cuando una tormenta de intensidad extraordinaria descargó sobre la cuenca del barranco de Arás y provocó una riada repentina de agua, barro, piedras y troncos que arrasó en segundos buena parte de la zona de acampada.