Hoy hace justo 30 años, más de 600 veraneantes disfrutaban de sus vacaciones en el camping Las Nieves de Biescas, en Huesca. A media tarde, el cielo se tiñó de negro, y las primeras gotas invitaron a buscar refugio en tiendas y caravanas. Arreciaba, pero no tanto como en la cabecera del barranco pirenaico de Arás, donde cayeron hasta 200 litros por metro cuadrado en una hora, con un pico de 500 en ocho minutos. El torrente arrastró piedras, troncos y barro, arrasó puentes y presas del cauce artificial y se desbordó hasta barrer el complejo turístico, ubicado en el cono de deyección de la quebrada. Murieron 87 personas, 183 resultaron heridas y se tardó casi un año en recuperar todos los cadáveres.Sergio Murillo, entonces un adolescente de 16 años, perdió a sus padres, Francisco y Presentación, y a sus hermanos pequeños, Susana y Alberto. “Yo me salvé porque me quedé encallado entre unas ramas al borde del barranco y un hombre me sacó”, recuerda este arquitecto desde Pamplona, donde reside junto a su mujer y tres hijos. Su juventud jugó a su favor para rehacer su vida y seguir adelante, pero sin renunciar a un proceso judicial que se convirtió en un vía crucis de casi una década para las víctimas.Archivada la vía penal, no sin controversia, la Audiencia Nacional dictó en 2005 que la riada era un hecho “previsible” y “evitable” y condenó al Ministerio de Medio Ambiente y al Gobierno aragonés a pagar 11,2 millones de euros a los familiares las víctimas, aunque más de una decena no recibió ningún pago por no personarse a tiempo en el proceso. Entre las principales pruebas contra la Administración figuraban dos informes técnicos que desaconsejaban construir el camping en esa zona inundable, pero que fueron ignorados en la resolución del expediente. La sentencia también eximió de responsabilidad a los otros dos demandados: Luis Bardají, director del complejo (fallecido en 2021), y al Ayuntamiento de Biescas.Luis Estaún, alcalde de Biescas durante la tragedia del cámping Las Nieves, en el parque memorial de Biescas (Huesca). MARC CARNICE / SIRERAFOTO“Fue un proceso penoso”, critica la abogada ya jubilada Elena Melero, que representó a diez familias y cree que el fallo no hizo justicia. “Los culpables, que los había con nombres y apellidos, no fueron castigados, y no todas las víctimas fueron indemnizadas. ¿Cómo vamos a estar satisfechos?”, apunta. Coincide con Sergio, cliente suyo. “La culpa de los responsables se diluyó en un ente abstracto como la administración, es la espina que nos queda clavada”, apunta.El peso de la tragedia todavía se siente en el lugar de los hechos. De aquel camping de postal tan solo queda en pie el edificio de la recepción, ahora cerrado y grafiteado. En una valla cercana, los visitantes han colgado pulseras, cintas o peluches a modo de homenaje improvisado. Al lado, a instancias de un superviviente, el Ayuntamiento inauguró en 2016 un parque memorial para dignificar la zona en el que destaca un monolito con los nombres de las víctimas inscritos.Biescas provocó una profunda reforma y endurecimiento de la normativa sobre campings en EspañaLuis Estaún, por entonces un joven alcalde de 27 años, todavía se estremece al pasear por el lugar. “Fue como ver una pequeña ciudad arrasada”, comenta. Entre el caos inicial y la falta de medios, el exregidor pone el acento en la ola de solidaridad con los afectados, sobre todo de los vecinos y veraneantes de la zona.Hubo quien ayudó en las tareas de rescate; otros donaron ropa y alimentos o llevaron a los familiares a la morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Jaca a identificar cadáveres; y muchas familias cobijaron en sus casas a los damnificados. “El pueblo respondió y se volcó por completo”, refrenda Teresa Maza, voluntaria de Cruz Roja, que esos días preparó cientos de comidas en la cocina de la escuela del pueblo.Lee tambiénLa riada del camping marcó un antes y un después en un después en la legislación de campamentos turísticos en España, impulsando restricciones, eliminando los que estaban en zonas inundables y exigiendo planes de autoprotección. “Esta tragedia jamás tenía que haber pasado, fueron unos muertos gratuitos”, critica Emilio Leo, exjefe de Protección Civil en Huesca ya retirado.Teresa Maza Bandrés, voluntaria de Cruz Roja durante la riada, y actual presidenta de la asamblea comarcal de esa organización en el Alto Gállego. MARC CARNICE / SIRERAFOTOTambién revolucionó el sector de la prevención y la respuesta ante grandes tragedias, entonces incipiente y sin los medios tecnológicos actuales. Según Leo, a raíz de Biescas se modificó la ley de suelo para prohibir edificar en zonas sometidas a riesgos naturales, se aceleró la implantación de otras medidas -como la puesta en marcha del teléfono 112 o la reestructuración territorial de los parques de bomberos- y se fijaron protocolos de apoyo psicológico y social a las víctimas, aplicados en crisis posteriores como la del 11-M en Atocha. “En 30 años, el cambio ha sido espectacular”, subraya.Sin homenaje público por el 30 aniversarioEl Ayuntamiento de Biescas ha decidido no organizar ningún acto oficial con motivo del 30 aniversario de la riada. Su alcaldesa, Lorena Cajal (PSOE), defiende que esta fecha se vive “con mucho respeto” y “dolor” en el pueblo, pero también con la necesidad de “mirar hacia delante” y no estar cada año rememorando la catástrofe.Como otros años, el Consistorio va a adecentar el parque memorial para todos aquellos que quieran acercarse y defiende que su “mayor homenaje” a las víctimas es la reciente aprobación de un plan de actuación municipal ante inundaciones, que identifica las zonas vulnerables y establece la respuesta y el operativo a seguir ante una emergencia. “Con él, pasamos del ‘nunca olvidar’ al ‘nunca jamás’”, añade.Aún así, la catástrofe de la dana en 2024, con 230 víctimas, dejó patente que todavía se comenten irregularidades y que queda mucho trabajo por hacer. “Me reconfortaba pensar que lo que sufrimos sirvió para concienciar de los riesgos, pero se me desmontó al ver lo de Valencia”, confiesa Murillo.La Audiencia Nacional dictó en 2005 que la riada era algo “previsible” y “evitable”Para él, como para el resto de las víctimas, estos son días amargos . “Todavía me duele en el alma”, reconoce. Por eso, más que actos públicos, prefiere refugiarse en su familia y tratar de pasarlo lo más discretamente posible, con la esperanza de que catástrofes así no vuelvan a repetirse. “Parece que solo aprendemos a palos”, desliza.Corresponsal en Aragón desde enero de 2023. Antes, periodista en la región Asia-Pacífico con base en Hong Kong (2014-2022) Licenciado en Periodismo y en Derecho
La tragedia de Biescas cumple 30 años: “Los culpables, que los había con nombres y apellidos, no fueron castigados”
Relatos de quienes vivieron la riada que arrasó el camping Las Nieves, mató a 87 personas e hirió a otras 183 el 7 de agosto de 1996







