Dicen de Carlos Villarejo (La Puebla de Almoradiel, 41 años) que ha fotografiado a todo el cine español, pero en cada respuesta que da, a pesar del lugar que ocupa en el oficio y los años que lleva trabajando, asoma el síndrome del impostor que dice tener. También la familia en la que se ha criado, de origen humilde. “En las redes sociales estamos más pendientes de demostrar que estamos en un sitio y en lo que eso nos convierte, que de tener una imagen para el recuerdo. Y me incluyo. Qué ridiculez, ¿no?”, dice. Pregunta. Empecemos por el principio. ¿Por qué estudió un módulo de Administración y Dirección de Empresas?Respuesta. Porque tenía que hacer algo. Tampoco he sido muy buen estudiante, soy un poco vago y pensé que encontraría trabajo, y efectivamente lo encontré. Estuve como contable en una oficina durante tres años, y ahí fue cuando pensé: ¿por qué no me dedico a lo que realmente me gusta, que es la fotografía? Y fue cuando me metí en Imagen y Sonido, iba al turno de tarde porque por las mañanas trabajaba en el Ayuntamiento de Toledo. P. ¿Qué aprendió de esos tres años como contable?R. No creas que lo pensaba mucho, simplemente me dejaba llevar porque estaba viviendo un momento… ¿te puedo contar cosas personales?P. Claro. R. Yo soy gay, así que por entonces estaba viviendo una transición. Estaba más pendiente de mi parte personal que de aquello a lo que quería dedicarme. Aquel trabajo era cómodo, con buen horario y sueldo, era jovencito. Vengo de un padre albañil y una madre ama de casa, y aunque yo siempre había hecho fotos porque me gustaba, nunca se habían planteado reforzar esa parte artística mía. Chica, estas cosas de familia humilde. P. ¿Es verdad que vendimiaba para poder pagar libros?R. Sí, trabajábamos con 14 años para pagar los libros del año y la ropa, y lo que sobraba se lo daba a mi padre para ayudar en casa. P. ¿Cómo fue eso que denomina “transición” en un pueblo pequeño?R. No fue nada doloroso, fueron más bien mis propios prejuicios y esa lucha por intentar ser algo que no eres. En mi familia no hubo problema, son un sol, bellísimas personas. P. Su primera cámara la compró en Carrefour a plazos.R. Sí, creo que me costó unos 400 euros. Como me gusta mucho viajar, hice muchas cosas con ella. Fue la que me dio impulso para decir: “Oye, pues esto no se me da tan mal”. La tengo todavía y funciona, es la que le dejo a mis amigos cuando se van por ahí. P. ¿Y sus primeras fotos, las recuerda?R. Mis amigas del pueblo son todas guapísimas y cuando éramos adolescentes se cogían sus mejores looks y nos íbamos al campo a hacer fotos como si fueran modelos. Practiqué con ellas y colgaba lo que hacía en Facebook. También le hice muchos retratos a mi abuela, en viajes que hacía… Recuerdo que me fui con una asociación a hacer fotos a un asentamiento gitano y me seleccionaron para PhotoEspaña. Tendría unos 18 años o así. Mi primera toma de contacto más profesional fue gracias a una regidora que conocí en Telecinco, que me recomendó para que le hiciera fotos a Pepón Nieto. Tú fíjate que ni se acordará de mí. He coincidido varias veces con él después y no se lo he dicho, porque me da vergüenza. Empecé, a partir de ahí, a hacer retratos a actores, y también bodas, claro. En mi pueblo y luego ya en Madrid. Es un trabajo muy difícil. P. ¿Por qué?R. Porque es una situación irrepetible, con cambios de luz continuos, y pueden pasar muchas cosas y muchos imprevistos, hay que estar al 200%. ¿Estoy siendo muy aburrido? P. Todos llevamos un seleccionador de fútbol dentro y también un fotógrafo. ¿Qué tiene su ojo que no tiene el mío?R. El móvil no es otra cosa que un capturador de recuerdos. Puedes intentar hacer una foto bonita, pero no conectas demasiado con lo que estás fotografiando. Creo que pesa más la personalidad que la técnica, que la persona que tengas delante se sienta cómoda, que gane seguridad, un chute de autoestima. P. Dicen de usted: “Ha fotografiado a todo el cine español”. R. Bueno, pero no me siento especial. Yo soy una persona muy arroz con pollo, pura normalidad. Hago muchas fotos a gente famosa pero también a otros que no lo son, y a todos les doy el mismo amor y el mismo respeto. P. Dice que muchos actores y actrices escogen sus peores fotos. R. Nosotros nos percibimos de una forma muy diferente a como nos ven los demás, entonces puedo pensar que tengo las orejas muy grandes y solo me fijo en ese detalle, pero si no te lo digo quizá no lo pienses. Este tipo de fotos se hacen para enviar a castings, y las va a ver una tercera persona. No basta con salir guapo, tienes que transmitir algo. P. Hábleme de su próximo proyecto. R. Uno muy personal que me hace mucha ilusión. En octubre me voy a ir a Chad a hacer fotos a Gerewol, un festival de belleza donde las mujeres eligen a los hombres con los que se quieren casar. Los hombres se maquillan muchísimo y los eligen por el blanco de los ojos y el blanco de los dientes. Salen a bailar, hacen cosas esperpénticas y ellas, que son polígamas, pueden escoger hasta tres, no necesariamente para casarse. Espera que te enseñe vídeos en Internet, vas a flipar.
Carlos Villarejo, fotógrafo: “El móvil no es otra cosa que un capturador de recuerdos”
El retratista, reconocido por fotografiar al cine español, reflexiona sobre sus inicios en el oficio, sus orígenes y sus nuevos proyectos







