El fotógrafo Asier Rua reflexiona sobre la relación entre los automóviles y el espacio urbano en ‘Carrocería’, un fotolibro que coincide con la exposición ‘¡Aquí hay petróleo!’ en Madrid

Para mucha gente, el coche familiar es uno de los lugares de la infancia, escenario de recuerdos vívidos y espacio emocional insustituible. Sin embargo, Asier Rua (San Sebastián, 41 años) no solo no conduce, sino que en su memoria apenas ocupa lugar el automóvil. “Mi padre era marinero y nunca estaba en casa y madre no tenía carné, así que de pequeño no tuvimos coche”, recuerda. “Cuando me trasladé a vivir a Madrid, me sorprendía cuánta gente era incapaz de vivir sin coche, mientras que yo tenía la percepción contraria, ya que me parecía algo muy incómodo. Siempre me he movido en bici por la ciudad. Para mí lo sensato es, en general, caminar, usar la bici o el transporte público”. Sin embargo, Rua, fotógrafo (es colaborador habitual de EL PAÍS) y también editor, acaba de publicar Carrocería (Rua Ediciones), un fotolibro en el que todas las imágenes están ocupadas por la superficie lustrosa de distintos coches. Lo de “ocupadas” hay que entenderlo al pie de la letra: no es que en el libro se “vean” coches, sino que la carrocería de los vehículos se extiende por toda la imagen y se convierte en la superficie sobre la que aparece reflejada la ciudad, distorsionada por las concavidades y convexidades de la carcasa metálica. Carrocería propone así una forma nueva de ver la ciudad, y también la relación entre el coche y el espacio urbano.