Juan Cavestany muestra en su documental una ciudad que resiste a su tan cacareada imagen relacionada con la inversión, el lujo y el consumo

En Madrid hay un mono disecado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Un señor que duerme contra un árbol. Una cabeza de cerdo en la carnicería de un mercado. En Madrid hay chavales estudiando en bibliotecas. Gente tomando el sol en el parque de las Tetas. Un futbolín en una cafetería abandonada. En Madrid hay un túnel lleno de grafitis. Una tienda inundada en caramelos. Un...

plato combinado comido por el sol. Madrid es el Paraíso del Jamón.

En la película Madrid, Ext., el director Juan Cavestany muestra un Madrid que de tan cotidiano parece raro, muy alejado del tan cacareado “Madrid del éxito”, del placer y la injusticia, que agitan los propagandistas del postureo urbano. Un Madrid todavía costumbrista y humano, más de átomos que de bits, sin tanto café de especialidad, con torreznos y salchichas, no hiperdiseñado, que resiste, para quien sepa mirarlo, ante los procesos de homogeneización y destrucción que asolan las grandes urbes del planeta.

Madrid, Ext., es, por supuesto, un paseo.