La literatura sucede en buena parte en la ciudad, y la ciudad sucede en buena parte en la literatura. Este año la Feria del Libro de Madrid se dedica a la ciudad por antonomasia, la verdadera gran ciudad, la ciudad más ciudad de todas las ciudades: Nueva York. Pero además, centra dos ciclos en una visión más amplia de la urbe: La ciudad y los afectos y Ciudad mosaico, en los que diferentes escritores y pensadores debaten sobre diferentes aspectos de lo urbano contemporáneo. Un campo de batalla donde se dan el conflicto de la vivienda, la expulsión, la vigilancia, la segregación, los problemas de salud mental, el sinhogarismo, la gentrificación o la turistificación, entre otros sobre los que los escritores y los libros tienen algo que decir.

“Tanto las ciudades como los textos literarios, por efecto de la globalización económica, se están convirtiendo en lugares gentrificados, sin memoria, homogéneos, en los que, tanto las lectoras como las viajeras, quedamos reducidas a meras turistas que transitamos las calles buscando elementos reconocibles que se repiten en un lugar y en otro. En los textos buscamos momentos familiares, asociados con una visión de la literatura monolítica y relacionada con el espectáculo. Las ciudades y los textos están dejando de ser lugares de memoria o de curiosidad, que estimulan el conocimiento, los afectos o los vínculos, para convertirse en espacios más fríos, más ajenos y más instagrameables.”