Las urbes son cada vez más parecidas y ofrecen a los turistas (y a los residentes) los mismos escenarios para las mismas historias, fotografías y vídeos, escribe el ensayista Pedro Bravo en ‘Antes todo esto era ciudad’, del que ‘Ideas’ publica un adelanto
Combatir el aburrimiento se ha convertido en la miel más efectiva y democrática para atraernos. No importa si eres demasiado joven o un poco viejo, si estás forrado o en bancarrota, seguro que hay una o varias diversiones que te van a sacar de todo lo que estés haciendo para darte una merecida distracción. Además, ahora el entretenimiento viene en un paquete con
26/regalos-sin-envoltorio-tres-experiencias-que-dar-y-vivir-en-madrid-este-invierno.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/espana/madrid/2025-12-26/regalos-sin-envoltorio-tres-experiencias-que-dar-y-vivir-en-madrid-este-invierno.html" data-link-track-dtm="">una oferta de experiencias que incluyen orgullo de pertenencia y diferenciación.
“Experiencia”, por cierto, es una palabra clave, un término que se repite en todos los argumentarios de marketing, también del urbano. Existe, por ejemplo, una categoría en el mundo de los viajes llamada turismo experiencial que dice centrarse en las “emociones y sentimientos” que perciben quienes la practican. Como si esto fuese una novedad, como si ningún viajero ni turista en la historia —desde Ulises hasta los tres muchachos de Resacón en Las Vegas— hubiera partido para experimentar emociones y sentimientos distintos a los que vivía en casa.






