Las lectoras y los lectores escriben sobre la saturación de las ciudades turísticas, las energías renovables, la huelga de los profesores de Infantil de Madrid y el fin de las obras de la Sagrada Familia
Viniendo hacia el hospital para cubrir el turno de cuidado a mi madre veo cómo un furgón policial se lleva a unos 10 o 12 hinchas de un equipo de fútbol. En otra ocasión, cruzando la Alameda, frontera entre mi casa y la de mi madre, me vi envuelta en una carrera sanferminera improvisada entre hooligans exaltados. Cuando mis amigos queden en
data-link-track-dtm="">la feria esta semana, no podrán andar para ir de una caseta a otra por la masificación. Y la pregunta que siempre me deja estas situaciones es: ¿los desperfectos urbanos, la limpieza, la seguridad... quién los paga? ¿Nuestros impuestos; los de sevillanos curritos que trabajamos cada mañana, también las de feria, para que en El Real ―como ahora dicen los foráneos entendidos― puedan disfrutar los privilegiados? ¿Para cuándo las tasas a los equipos de fútbol que dejan sueltos a sus hinchas en el centro histórico (y no fan zone) a beber alcohol y tirar sillas de los bares? Definitivamente, los que resistimos en el centro de Sevilla y no nos queremos dejar echar, lo tenemos cada vez más complicado. Nuestros dirigentes han decidido que esta cuidad nuestra está destinada a ser el bareto de España y de Europa... ¡Viva Sevilla y olé!










