Sin acritudEspa�a debe abandonar de una vez los pa�os caliente: quien utiliza de forma reiterada la presi�n migratoria para erosionar la soberan�a de otro Estado no act�a como un socio inc�modo, sino como un enemigoAP PhotoActualizado Viernes,

julio

13:52Audio generado con IANo estamos ante una crisis humanitaria. Estamos ante un embate pol�tico con el que Marruecos vuelve a poner a prueba a Espa�a. El drama humano existe, y la responsabilidad recae en un r�gimen que convierte la inmigraci�n irregular en un instrumento de presi�n. En 2021 Rabat abri� la frontera de Ceuta como represalia por la acogida del l�der del Frente Polisario. Cinco a�os despu�s ha consentido esta marea de miles de j�venes -muchos ya de regreso tras esa festiva y peligrosa excursi�n- para obtener una nueva contrapartida.Marruecos, adem�s, no reconoce la soberan�a espa�ola sobre Ceuta y Melilla, que considera territorios pendientes de descolonizaci�n. Cada avalancha migratoria constituye, por tanto, un desaf�o directo a la soberan�a espa�ola.Sin embargo, la reacci�n del Gobierno ha vuelto a ser desconcertante. No ha convocado de urgencia al embajador marroqu� para exigir explicaciones. En cambio, ha preferido cargar contra Italia por amenazar con suspender el espacio Schengen. Es una llamativa inversi�n de prioridades: m�s dureza con un socio europeo que con un enemigo chantajista siempre al acecho.El problema es que seguimos analizando esta situaci�n con categor�as humanitarias mientras Rabat act�a con una l�gica de poder. Al r�gimen marroqu� le importan sus objetivos estrat�gicos como potencia regional, no la vida de quienes utiliza como instrumento de presi�n. El sufrimiento de sus nacionales no constituye un l�mite para un r�gimen que sigue trat�ndolos como s�bditos.La respuesta exige el despliegue de m�s polic�as y, si hace falta, militares. Pero tambi�n la modificaci�n por v�a de urgencia de la Ley de Extranjer�a para revertir una sentencia del Tribunal Supremo que ha actuado como detonante del "efecto llamada" a trav�s de las redes sociales en Marruecos.Espa�a debe abandonar de una vez los pa�os calientes. Defender las fronteras ya no es solo una cuesti�n migratoria; es una cuesti�n de seguridad nacional. Quien utiliza de forma reiterada la presi�n migratoria para erosionar la soberan�a de otro Estado no act�a como un socio inc�modo, sino como un enemigo. Hay que responder con firmeza a la guerra h�brida de Marruecos y combatir con todos los instrumentos del Estado el narcotr�fico que opera desde la otra orilla del Estrecho.Las naciones que renuncian a defender sus fronteras terminan poniendo en riesgo su soberan�a. Marruecos lo sabe. Espa�a tambi�n deber�a haberlo aprendido.