“Güen día”. Quien pasea por las calles de la localidad de Hecho (813 habitantes) todavía puede escuchar palabras que apenas existen fuera de este valle del Pirineo oscense. Es el cheso, un dialecto del aragonés que hablan unas 700 personas, según una estimación realizada en 2007 por la revista chesa 'Bisas de lo Subordán' y avalada por el Instituto de l'Aragonés.
Su historia se remonta a la Edad Media. El investigador del aragonés Fernando Romanos, en su tesis doctoral de 2022 sobre el léxico del cheso, documenta que la primera referencia escrita conocida del cheso aparece en un inventario de la iglesia de Siresa del siglo XIII, donde ya se enumeraban objetos y ornamentos religiosos.
El cheso forma parte del patrimonio lingüístico aragonés, pero su supervivencia depende de que las nuevas generaciones continúen hablándolo. Los vecinos del valle ven cómo, poco a poco, este dialecto del aragonés pierde hablantes por la llegada de nuevos habitantes procedente de otros lugares, la pérdida de la transmisión familiar, la vergüenza que todavía sienten algunos hablantes y la falta de un respaldo institucional más firme.
Para Marta Marín, periodista chesa y miembro de la Academia Aragonesa de la Lengua, los esfuerzos actuales no son suficientes. “Cada vez se habla menos y no existe una concienciación general”, lamenta. En su opinión, las jornadas por el Día de la Lengua Materna, las obras de teatro o el programa de fiestas escrito en cheso ayudan a visibilizar el dialecto, pero no bastan para garantizar su continuidad.







