Algunos gobiernos actuales utilizan medidas econ�micas como instrumentos pol�ticos. Estas restricciones implican amenazas y buscan forzar cambios en las pol�ticas de otros pa�ses.El final de la Guerra Fr�a en los �ltimos a�os de la d�cada de 1980 fue interpretado de forma bastante generalizada como el comienzo de una �poca en la que las relaciones internacionales se desenvolver�an en t�rminos mucho m�s pac�ficos y cooperativos que en el pasado reciente. Pero esto solo ha sido parcialmente cierto. La realidad, por desgracia, no ha dado la raz�n a los m�s optimistas y los conflictos internacionales han continuado de muy diversas formas, en especial en la tercera d�cada del siglo XXI. Tales conflictos, sin embargo, muestran diferencias importantes en relaci�n con los enfrentamientos del pasado. Y una de las m�s relevantes es el peso que han cobrado las que podr�amos denominar nuevas guerras econ�micas. En el mundo del an�lisis econ�mico el t�rmino geoeconom�a era pr�cticamente inexistente hasta fechas bastantes recientes. Hoy, sin embargo, parece haberse convertido en un concepto al que se recurre con frecuencia creciente cuando se trata de abordar algunos de los problemas m�s importantes de la econom�a internacional de nuestros d�as.Por geoeconom�a suele entenderse el uso de pol�ticas econ�micas para conseguir objetivos de car�cter geopol�tico. En t�rminos estrictos la idea no es nueva. Al margen de la vieja tradici�n del mercantilismo anterior a la primera revoluci�n industrial, ya en las primeras d�cadas del siglo XX pueden encontrarse estudios basados en este enfoque en algunos economistas de la �poca, especialmente en Alemania. Y ya en nuestros d�as han sido relativamente conocidos los trabajos publicados, precisamente tras el final de la Guerra Fr�a, por Edward Lutwark, a quien suele considerarse como el creador de la moderna geoeconom�a. Pero no cabe duda de que ha sido en los �ltimos a�os cuando este tipo de estudios han cobrado mayor relevancia.Las razones son f�ciles de entender. Por una parte, algunos gobiernos -los Estados Unidos constituyen un caso relevante, pero no el �nico ciertamente- han empezado a utilizar instrumentos de car�cter econ�mico para conseguir objetivos pol�ticos en sus relaciones con otros pa�ses; pensemos en la pol�tica exterior norteamericana frente a pa�ses como China, M�xico, Canad� o la Uni�n Europea, con los que no mantiene conflictos armados, pero contra los que no ha dudado en dise�ar amenazas muy diversas, en especial en el campo de la pol�tica comercial.Por otra, las dos guerras m�s importantes de la d�cada de 2020 -la de Ucrania y la de Ir�n- est�n teniendo una relevancia econ�mica indudable, no solo para las naciones directamente implicadas en los conflictos, sino tambi�n para muchos otros pa�ses. El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Ir�n no es, en principio, un objetivo de pol�tica econ�mica; pero es un arma econ�mica muy potente a la hora de negociar una salida a la guerra y de definir las condiciones que se comprometan a aceptar las partes implicadas tras un posible acuerdo de paz. Y sus consecuencias afectan a multitud de actividades, desde la industria a la agricultura y los servicios, en pa�ses que poco o nada tienen que ver con el conflicto.Tambi�n encontramos aspectos geocon�micos muy importantes en la guerra de Ucrania. Las sanciones econ�micas se definen como la ruptura por parte de uno o varios gobiernos de las relaciones comerciales y financieras con un determinado pa�s cuya pol�tica se trata de corregir. Y son consideradas como una forma relativamente "suave" de presi�n, que permite evitar un enfrentamiento b�lico en el sentido estricto del t�rmino. Si, de acuerdo con la famosa idea de Clausewitz, la guerra es la continuaci�n de la pol�tica con otros medios, tiene sentido que la distinci�n entre medidas econ�micas cuyo origen est� en actividades b�licas ya existentes y medidas dirigidas a forzar cambios en las pol�ticas de determinados pa�ses no tenga siempre una l�nea de separaci�n clara; y que gran parte de la literatura econ�mica existente sobre el tema aborde, por ejemplo, de forma conjunta las sanciones aplicadas en casos de conflictos b�licos y las dise�adas para hacer cambiar determinadas pol�ticas nacionales consideradas ilegales o inaceptables para la comunidad internacional.�Qu� puede ocurrir en el futuro? No cabe duda de que quienes defendemos los principios b�sicos de las econom�as abiertas y la cooperaci�n internacional con las menores interferencias posibles por parte de los gobiernos pensamos que la situaci�n actual dista de ser �ptima. Pero la cuesti�n es saber si existe hoy una mejor alternativa. Es evidente que un enfrentamiento militar, aunque se trate de una guerra fr�a como la que vivi� el mundo desde 1945 y a lo largo de m�s de cuarenta a�os, es una soluci�n claramente peor. Medidas como las sanciones econ�micas impuestas a Rusia tras haber invadido Ucrania son, ciertamente, restricciones al comercio libre, pero tienen plena justificaci�n, como apoyo al pa�s atacado y como instrumento de presi�n para frenar la agresi�n. Ya dec�a Adam Smith que pod�an justificarse medidas contrarias a la libertad de comercio en determinadas circunstancias si �stas reforzaban la defensa nacional, porque la seguridad es m�s importante que la opulencia. No es el mundo ideal. Pero el viejo escoc�s ten�a raz�n.Francisco Cabrillo es catedr�tico em�rito de Econom�a de la Universidad Complutense. Fundaci�n Civismo.