BERLÍN - La era en la que el orden mundial se basaba en el monopolio estadounidense del poder militar y económico y de los valores ha llegado por fin a su fin, llevándose consigo el largo período de estabilidad de Europa. El mundo se ha vuelto considerablemente más turbulento e incierto, y el futuro próximo traerá consigo aún más inestabilidad. En el pasado, los contornos del orden mundial quedaban claramente reflejados en el formato del G-7/G-8, que reunía a los principales países industrializados. Pero ahora existen formatos rivales, como la Organización de Cooperación de Shanghái, liderada por China; la Unión Económica Euroasiática, liderada por Rusia; y el BRICS+ (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y media docena de miembros más, además de diez países socios), todos ellos compuestos predominantemente por economías emergentes. La hegemonía estadounidense ha dado paso a una nueva configuración basada en la rivalidad y la competencia entre varias grandes potencias, en la que ya no existe un conjunto fijo y codificado de normas. En su lugar, solo existe el poder económico, tecnológico y militar, lo que implica un mayor riesgo de conflicto e incluso de guerra entre potencias nucleares.