A mediados del siglo XV, el sultán Mehmet II conquistó Constantinopla y puso los cimientos del periodo más brillante del imperio otomano. Pero, además, durante su gobierno se levantaron edificios emblemáticos del actual Estambul como el gigantesco palacio de Topkapi, la estilizada mezquita de Fatih o las murallas de Rumeli Hisarı protegiendo el estratégico paso por el Bósforo.Por si fuera poco, el sultán ordenó en 1461 la creación de un pequeño mercado cubierto para el comercio textil en la ciudad. Ignoraba que aquel zoco techado con el paso del tiempo crecería hasta convertirse en el Gran Bazar. Uno de los espacios comerciales con mayor carisma del mundo y que rivaliza en visitantes con grandes reclamos de la metrópoli turca como pueden ser la basílica de Santa Sofía, la mezquita Azul o la cisterna subterránea.Una de las puertas de entrada del Gran Bazar de EstambulMARC DUFRESNE 581 986 8147El Gran Bazar de Estambul (Kapaliçarsi en la señalización local) ofrece cifras abrumadoras. Su planta única ocupa más de 45.000 metros cuadrados, compartimentados en un laberinto de pasillos, bóvedas y atajos donde se estima que trabajan hasta 20.000 personas en unos cuatro mil negocios. No es difícil perderse en su interior, aunque tarde o temprano se vuelve a ver la luz del sol al otro de lado de sus 22 puertas.Pero más allá de dimensiones y números, el recinto apabulla por las sensaciones que provoca. La vista no sabe si mirar hacia los colores de la cerámica, las geometrías de las alfombras, los destellos de las lámparas de cristal o el brillo que irradian las muchas joyerías del interior del Gran Bazar. Mientras que no paran de olerse fragancias de perfumes, aromas especiados y también los tufos de los productos de piel.Los vendedores llaman a los turistas en cualquier idioma. Poseen un sexto sentido para averiguar su origen y rara vez fallanAunque huelan fuerte es un deleite pasear por esas tiendas y tocar sus bolsos, mochilas o sandalias. Al igual que no hay quién se reprima y lance los dedos a palpar la suavidad de la seda en la típicas pashminas turcas. En cuanto al sabor, los golosos salivan ante las bandejas de baklava, delicadezas elaboradas a base de hojaldre, miel y frutos secos, sean nueces, pistachos o almendras. Mientras que, si aprieta la sed, el té servido en vasitos con forma de tulipán es la bienvenida en muchas tiendas.Y luego están los sonidos constantes. Casi todos con voces de hombre. Son los vendedores llamando a los turistas en cualquier idioma. Poseen un sexto sentido para averiguar su origen y rara vez fallan con su hello, ”bon jour” o ”guten tag”. Y por supuesto, muchos dominan el español, e incluso si alguien se identifica como catalán, rápidos sonreirán pronunciando un ”bon dia amic”.En el Gran Bazar es posible comprar cualquier tipo de productoLuciano MortulaEse gancho inicia una animada conversación con el mercader. Él trata de vender y el turista de comprar a buen precio, porque si solo se busca información el vendedor lo detecta ipso facto y pierde interés en la charla. En cambio, si prevé una venta, empezará embaucador con chistes sobre el vigor afrodisíaco de sus especias o cómo volar con sus alfombras. Con ello genera un clima exótico y de confianza, tras lo cual toca regatear. Eso sí, con elegancia.A diferencia de otros zocos orientales y norteafricanos, aquí los comerciantes suelen ser más educados y menos agobiantes. Hay normas que cumplir. Por ejemplo, ofrecer una primera oferta que sea algo menor a la mitad, hasta un tercio, del precio inicial. Y luego acercar posturas, sin aspavientos. No obstante, aquí va un anticipo de lo que pasará si se adquiere algo. El precio sobre todo satisfará al vendedor. Es el profesional y por sus venas corren siglos de regateo. Y aquí va otra primicia. El precio de un objeto en el Gran Bazar será superior a una compra idéntica fuera de él.Lee tambiénEs innegable el encanto de comprarse un hermoso nazar cerámico, o sea el típico amuleto protector en forma de ojo azul, para colgarlo en el salón de casa y luego contar a las visitas que viajó desde el Gran Bazar estambuleño. O se debe presumir con los amigos de la calidad de una blusa bordada comprada en este mítico mercado tras negociar con un apuesto vendedor que parecía sacado de un culebrón televisivo. Pero lo cierto es que esos productos y prácticamente todos, se pueden hallar algo más económicos fuera del famoso recinto.Todo el Gran Bazar se rodea de calles desbordadas de tiendas y organizadas por gremios. Está el área de joyas y bisutería, de alimentos, especias, antigüedades, e incluso de libros, donde no es mala idea llevarse algún objeto artesanal de papelería. Pero sin duda lo más abundante son los negocios de ropa y calzado. Aunque no de moda oriental. De firmas internacionales. O mejor dicho, réplicas de las mismas. Son copias, algunas buenísimas. Así que muchos van a su caza y captura, sobre todo en el empinado Mahmutpaça Bazar. Una zona que desciende desde el Gran Bazar hasta el área de Eminonu.El Bazar de las Especias ofrece un espectáculo cromático singularGetty ImagesY precisamente ahí se encuentra el otro gran mercado cubierto de Estambul: el Bazar de las Especias. Una denominación que anticipa lo que guarda. Si bien además es fabuloso para descubrir todo tipo de tés, frutos secos, dulces o quesos. E incluso jabones o productos de cosmética. Todo ello en un tamaño más reducido que el Gran Bazar, con un encanto más íntimo y de peso histórico nada despreciable.Su construyó hacia el 1663, como la vecina nueva mezquita. De hecho, ambos forman una unidad, ya que el mercado sufragaba los gastos del templo. Y en cuanto a su nombre, se debe a que aquí recalaban las mercancías que atravesaban Asia con las caravanas de la ruta de la seda. Llegaban especias, tejidos, piedras preciosas, joyas o perfumes, y luego se distribuían por el Mediterráneo. Es decir, en este bazar se respira esa esencia estambuleña de ser puente comercial y cultural entre Oriente y Occidente. De hecho, no son pocos los viajeros que aseguran que posee más magia que el Gran Bazar y es el mejor lugar para hacer las compras más típicas.Aunque a los amantes del shopping les quedan más lugares que explorar. En el área antigua está el Arasta Bazaar para comprar bisutería, artesanías varias y cualquier souvenir. Mientras que todavía en la ciudad europea hay que ascender a la plaza Taskim para emprender el paseo por la moderna calle Istiklal. Se prolonga durante dos kilómetros eternos si se opta por parar en sus decenas de tiendas de calzado, vestimenta y cosmética. Y para poner la guinda al frenesí consumista basta con cambiar de continente tomando un ferry a la orilla asiática de Estambul. Ahí espera el Miman Sinar Bazaar, el último delirio para los compradores compulsivos, porque podrán hallar auténticas gangas. Eso sí, en productos de imitación.Puestos callejeros, bocados imprescindiblesLas zonas históricas de Estambul son para pasear. Y es así como van surgiendo unos comercios rodantes muy típicos que ofrecen un bollo tan humilde como apetitoso para calmar el hambre. Son los simit. Parece una enorme rosquilla, pero esta masa de pan no está frita, sino horneada y cubierta de melaza y sésamo. Un bocado imprescindible, crujiente por fuera y jugoso por dentro. Al igual que si hace calor, hay que buscar los dondurma o helados turcos. Siempre servidos sobre un cucurucho y acompañados de un show casi acrobático por parte del vendedor que juega con la paciencia y el asombro de su clientela antes de poner este dulce refrigerio ante el comprador. Y todo sin tocar en ningún momento el helado con sus manos.
Entre regateos e imitaciones: guía básica para comprar en el Gran Bazar de Estambul
Aunque la diferencia entre la lira turca y el euro cada vez es menor, un aliciente es visitar sus monumentales bazares para comprar los recuerdos del viaje a Turquía







