NoticiaDesde paisaje verde de Rize, en el Mar Negro, donde se produce té, hasta los sabores de Estambul.La Mezquita del Sultán Ahmed es uno de los lugares más visitados de Estambul. Foto: Juan Uribe02.06.2026 17:15 Actualizado: 02.06.2026 17:15
Visitar dos continentes en un mismo viaje suena descabellado. Trae a la mente esos planes de turismo masivo en que los pasajeros van apurados de un lado a otro tomando fotos, sin saber bien en cuál ciudad están, porque les han prometido ver 15 países de Europa en 20 días.Sin embargo, la propuesta de este texto es diferente porque para hacerla realidad no es necesario cruzar múltiples fronteras una vez se aterriza en el destino. El sueño de pisar dos continentes, si se quiere en un mismo día, es posible en Turquía, el único país del mundo que tiene territorio en Europa y en Asia a la vez.Este viaje está marcado por la gastronomía turca, de la que se ofrece el primer abrebocas cuando el Airbus A350-900 de Turkish Airlines vuela a 11.500 metros de altura sobre las aguas del océano Atlántico.El servicio de Business de esta aerolínea se destaca porque aquí el chef —hay un chef en vuelos de más de ocho horas de duración— pasa por cada una de las sillas de la cabina para explicar el menú, en el que sobresalen ingredientes turcos, entre ellos higos secos de Aydin; queso ‘Ezine’ de Çanakkale y panal de abejas de Erzincan. Está siempre presente el té de Rize, una región a orillas del Mar Negro, en el norte del país, que produce más del 90 por ciento del té de Turquía.Las gaviotas acompañan los barcos que surcan las aguas del Bósforo, en busca de algún bocado. Foto:Juan UribeRize, junto al Mar NegroRize es el primer destino luego de aterrizar en Estambul. Hasta allí se llega en algo menos de dos horas de vuelo en dirección al oriente, y al llegar llama la atención la torre de control del aeropuerto, que tiene forma de taza de té.El clima de Rize, lluvioso y húmedo, es ideal para el cultivo del té. Esta bebida es un símbolo de la identidad turca, a tal punto que su consumo promedio por habitante es de 1,2 litros al día, el mayor del mundo.El paisaje del té en Rize, a orillas del Mar Negro, en Turquía, es similar al paisaje cafetero que se aprecia en el Quindío y en las montañas de departamentos como Antioquia o Caldas.Las carreteras curvas y los cultivos en lotes pequeños aferrados a las laderas son similitudes que le sugieren a quien viene de Colombia que está en territorio conocido. Sin embargo, saltan a la vista el color amarillo de las hojas del té y las decenas de mezquitas que salpican las montañas.Nihat Bayrak, guía de turismo que vive en la vecina ciudad de Trabzon, también al borde del Mar Negro, cuenta que en Turquía el 99 por ciento de las personas son musulmanas, lo que explica que en Rize haya tantas mezquitas.“Esta región es montañosa y es difícil caminar hasta la mezquita porque tienes que rezar cinco veces al día. Muchas personas no van a la mezquita tan frecuentemente, pero en todo caso es importante rezar”, dice.Rize, además de té, es hogar del muhlama, un plato preparado con queso Kolot, mantequilla, harina de maíz y agua, que se cocinan en una sartén de cobre. El resultado es una especie de fondue que termina siendo combustible para quienes cultivan el té, lo que se hace cortando las tres hojas superiores de las plantas con unas tijeras para luego llenar con ellas baldes que cargan a sus espaldas.Después de caminar entre las plantaciones de té, los sabores de Rize se expresan en el restaurante Nalia, a unos 200 metros de otra estructura que semeja una taza gigante de té: un edificio de siete pisos cuya terraza es un mirador hacia el Mar Negro, al norte, y hacia las montañas sembradas de casas, té y mezquitas, al sur.En Nalia —como sucede con frecuencia en Turquía— son protagonistas los dulces. Aquí brillan el Pepeçura Tatlisi (un pudín hecho con jugo de uva fermentada y almidón), refrescante y aromático; y el Nalia Misir Tatlisi, un postre a base de maíz que acaricia el paladar con su suavidad.La ruta sigue hacia el occidente, en Trabzon, donde la mesa del restaurante Bordo Mavi se llena de anchoas fritas, camarones y otros frutos del mar, que se combinan con aperitivos como berenjena asada, humus y lubina marinada.En esta ciudad sorprende el desayuno en el Novotel Trabzon, con variedades de quesos y la presencia de panal de abejas en el bufé, que sabe mejor aún con panes tradicionales turcos. Con esta energía se emprende un recorrido para caminar por los senderos empinados que conducen a Sümela, un monasterio ortodoxo griego dedicado a la Virgen María, 35 kilómetros al sur de Trabzon.Construido sobre un abismo en los montes Pónticos entre el año 385 d. C. y el siglo XIX, este lugar es famoso por un ícono de la Virgen María que se cree que fue pintado por el apóstol Lucas.El camino de la buena mesa continúa en Trabzon con dos restaurantes: Cemilusta, reconocido por sus albóndigas de carne; y Terminal Pide, adornado a la entrada con un avión comercial viejo que está parqueado. En este sitio se prueba el pide, un plato tradicional similar a una pizza, pero de forma ovalada, al que se agregan carne picada, queso, vegetales e incluso huevo.Mosaico en el que los emperadores ofrecen Estambul y Hagia Sofia a la Virgen María y a Jesús. Foto:Juan UribeEntre dos continentesEl regreso a Estambul sorprende por el hecho de que un pedazo de la ciudad se encuentra en Europa y otro, en Asia. La parte europea ostenta maravillas como la Mezquita Azul, cuya construcción se inició en 1609 y que sobresale por su domo y sus seis minaretes.La ubicación de Estambul se comprende al hacer un recorrido en barco por el canal del Bósforo, que une al mar de Mármara, en el sur, con el Mar Negro, en el norte. La embarcación sale de Galataport, el puerto donde atracan cruceros; y avanza hacia el norte por la costa europea.Una hora y media después ha cruzado bajo el Puente de los Mártires del 15 de Julio, que con sus 1.560 metros une dos continentes, y ha regresado hacia el sur ciñéndose a la costa asiática antes de detenerse de nuevo en Galataport.Esta misma vista del Bósforo se disfruta al caer el sol desde la terraza del restaurante Biz Istanbul, donde se sirven delicias como lakerda (pez bonito curado); y bademli tavuk çorbasi (sopa de pollo y almendras), al igual que tarta de frutos rojos. No puede faltar el baklava, elaborado con láminas de pasta filo, relleno de pistacho y bañado en almíbar, que le recuerda al paladar que en Turquía la vida tiene un sabor especial.*Invitación de Turkish Airlines Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












