Consolidado como destino turístico internacional, la ciudad impulsa un nuevo modelo de inversión basado en la renta corta. Un fenómeno que atrae capital y dinamiza la economía, pero que plantea nuevos retos para el desarrollo urbano.

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Hace apenas unos años, quien compraba un apartamento en Medellín pensaba en vivir allí o en recibir una renta mensual. Pero ahora los inversionistas llegan con otra pregunta: ¿cuántas noches al año puede ocuparse? Lo cierto es que la transformación turística de la ciudad cambió la lógica del mercado inmobiliario, impulsada principalmente con la expansión de plataformas como Airbnb, el crecimiento sostenido de los visitantes internacionales y la aparición de varios edificios concebidos desde sus inicios para la renta corta.

¿Qué tiene Medellín? La ciudad reúne varias condiciones que explican este fenómeno. Además de su consolidación como destino turístico, factores como el aumento de congresos internacionales y viajeros corporativos; el boom del turismo médico, los múltiples conciertos, los mochileros y los nómadas digitales han ayudado a fortalecer ese crecimiento.

Tanta diversidad de perfiles elevó la demanda por alojamientos más flexibles y abrió espacio para un modelo distinto al hotel tradicional. Así lo confirman las cifras: entre 2017 y 2025 las llegadas internacionales prácticamente se triplicaron y, por primera vez, más de 2 millones de pasajeros internacionales realizaron control migratorio en el aeropuerto José María Córdova.