EditorialCuanto m�s insiste Pedro S�nchez en que Espa�a avanza, m�s evidente resulta la distancia entre los indicadores que reivindica y la vida cotidiana de los ciudadanosPedro S�nchez, con Sara Aagesen y Carlos Cuerpo, ayer.EFEActualizado Mi�rcoles,
julio
00:22Audio generado con IAPedro S�nchez quiso cerrar ayer el curso exhibiendo una imagen de normalidad, solvencia econ�mica y disposici�n al di�logo. Pero su comparecencia dej� al descubierto la contradicci�n central de esta legislatura: cuanto m�s insiste en que Espa�a avanza, m�s evidente resulta la distancia entre los indicadores que reivindica y la vida cotidiana de los ciudadanos.Esa brecha se concentra de manera especialmente grave en la vivienda. S�nchez asegur� que nueve millones de espa�oles se benefician ya de la ley aprobada por su Gobierno y sostuvo que los topes al alquiler contienen los precios sin da�ar la oferta. Los datos desmienten esa complacencia. All� donde se ha intervenido el mercado, los contratos han ca�do con fuerza y parte de la oferta se ha desplazado hacia modalidades no sometidas a l�mites. En Catalu�a, los nuevos arrendamientos se han reducido de forma acusada; en Navarra, el alquiler vacacional absorbe viviendas que abandonan el mercado residencial. Presentar este resultado como un �xito no es otra cosa que una ocultaci�n del fracaso.La vivienda explica por qu� la euforia macroecon�mica de la Moncloa no se traduce en bienestar. La inflaci�n ha deteriorado la capacidad adquisitiva, pero es el coste de acceder a un hogar lo que impide a j�venes y clases medias convertir el empleo o el crecimiento en un proyecto de vida. S�nchez teme que los ciudadanos relacionen esa p�rdida de expectativas con su empe�o en prolongar una legislatura agotada en la que las grandes reformas son inviables. Por eso intenta cortocircuitar esa conexi�n mediante propaganda, culpando a las comunidades que no aplican su ley, al �dogmatismo neoliberal� o a una oposici�n con la que se compara de manera obsesiva.La misma actitud se observa en su apelaci�n al pacto clim�tico. Un acuerdo de Estado no se construye limit�ndose a dejar la puerta abierta, sino llamando al l�der de la oposici�n y negociando medidas concretas. S�nchez reclama unidad, pero usa los incendios para se�alar al PP y asociarlo al �negacionismo� de Vox. El relato enmascara una vez m�s su nula voluntad de acuerdo. El problema a�adido es que, mientras tanto, los populares parecen c�modos se�alando al Gobierno, sin actuar conforme al poder que ostentan precisamente en las instituciones que tienen las principales competencias en la prevenci�n y gesti�n de los fuegos.Espa�a afronta problemas que exigen planificaci�n, reformas duraderas y Presupuestos: vivienda, infraestructuras, productividad, adaptaci�n clim�tica, transici�n tecnol�gica. Sin embargo, el Gobierno lleva a�os sometiendo esos objetivos a su supervivencia y descargando sobre otros la responsabilidad de sus fracasos. Tras ocho a�os, el presidente ya no puede presentar cada problema como una herencia ajena ni cada soluci�n como una promesa futura. Su balance pretend�a demostrar que el pa�s progresa, pero termin� confirmando que el Ejecutivo est� paralizado por el �nico objetivo que articula ya su acci�n: resistir.










