El presidente del Gobierno se va de vacaciones a la real residencia de La Mareta, en Lanzarote, ignorando lo que se dice y se palpa en la calle y, a tenor de su 'balance', concentrado en el �nico tema que le interesa y que es el de su permanencia en el poder.Al iniciar, como tantos de sus conciudadanos, sus vacaciones anuales, Pedro S�nchez arrastra con creciente penosidad el lastre de la decadencia que acaba con la carrera de todo l�der. Si fuese honesto consigo mismo sabr�a que �l es su peor enemigo. No se le quiere porque se multiplican los baches en las carreteras y �l, impert�rrito, mantiene sus aires pretenciosos. Se desconf�a de �l porque miente.En el mejor de los casos el presidente del Gobierno aburre, no se le escucha y en lo posible se pasa de �l. En el peor de ellos crispa y por eso se le insulta cuando se baja del coche y pone pie en la calle. Es el presidente del Gobierno m�s divisivo de los seis anteriores a �l en el actual periodo constitucional y, salvando a Felipe Gonz�lez, es el �nico que aspira a gobernar m�s de ocho a�os.A lo largo de una hora, un muy sonriente S�nchez expuso en La Moncloa a mediados de semana un balance tan triunfal y tan de espaldas a las dram�ticas circunstancias que vive el pa�s que parec�a marcar un punto y aparte en su carrera pol�tica. Hasta el colaborador m�s acr�tico al servicio del presidente del Gobierno admitir� que la exposici�n del mi�rcoles fue un ejemplo de libro de c�mo un l�der acaba desconectado de la realidad tras un largo periodo en el poder.En lugar de limitarse a comentar lo sucedido el �ltimo semestre, S�nchez se vanaglori� con la fogosa enumeraci�n de los muchos logros que dec�a haber conseguido desde que se instal� en La Moncloa en 2018. Otros parlamentarios hablan de legislaturas. S�nchez de prolongados periodos de poder personal.Una parte de la pl�tica del presidente del Gobierno fue la que cabe esperar de quien vive en una burbuja creada por su propia pedanter�a y vanidad. Se refiri� solo lo imprescindible a la naturaleza destrozada, a los evacuados y confinados y al hero�smo de mucho servidor p�blico.Otra parte de la pl�mbea conferencia que dict� S�nchez el mi�rcoles conten�a las claves de lo que a la vuelta de sus d�as de est�o agoste�o ser� su hoja de ruta hacia la convocatoria de elecciones generales de aqu� a un a�o.Todo apunta a que la campa�a electoral tendr� dos hilos conductores. Uno consistir� en repetir machaconamente a todos los espa�oles unos pocos y contundentes mensajes que, bajo el t�tulo de "cumplimiento", vienen a decir que nunca ha constituido Espa�a un c�rculo tan virtuoso como el que vive hoy.No se mencionan los "baches" empezando por los socavones que suponen para la Espa�a de libres e iguales las amnist�as y la financiaci�n singular de Catalu�a. Seg�n S�nchez, jam�s ha sido tan admirada Espa�a por tener un escudo social tan estupendo, por reportar unas cuentas p�blicas tan s�lidas y por estar tan claramente en el lado correcto de la historia.El otro hilo conductor se centrar� en una turbia conspiraci�n urdida por una derecha y una ultraderecha que S�nchez llama neoliberal. Estos confabulados tienen a su Gobierno progresista en el punto de mira y tiran del lawfare y de los bulos en las redes sociales para derribarlo. S�nchez dice que estos impresentables niegan la crisis clim�tica, lo cual es una mentira m�s.Pedro S�nchez recurri� nada menos que a Abraham Lincoln para decir, sin citarle, que lo suyo es el gobierno "del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". Hacerlo es un ejercicio de cinismo a estas alturas del desencanto generalizado con la pol�tica. Gobernar "para el pueblo", como asegura la ret�rica del presidente del Gobierno, chirr�a entre quienes denuncian el sectarismo del sanchismo.Todo esto lo sabe S�nchez, pero se niega a hacer cualquier autocr�tica y fomenta el autobombo, total y ensordecedor, de su persona. Los gobernantes de su entorno recogen velas ante las complejidades que se avecinan pero �l va a su aire y con esl�ganes de otra �poca apuesta por el radicalismo. Movilizar� a la izquierda y su t�ctica le rendir� r�ditos electorales.Ante el auge de la derecha dura -el a�o que viene puede que sea el del triunfo, por fin, de Le Pen en la vecina Francia- todos los buenistas le apoyar�n a S�nchez aunque sea tap�ndose la nariz cuando introducen la papeleta en la urna. Al populismo identitario y a esa cosa tan nebulosa que llama el neoliberalismo solamente lo paran �l y sus compa�eros del Sur Global. Progresistas del mundo un�os, dice S�nchez. As� ser�is grandes y libres. Y le�a a la reacci�n.Lo que recorri� la larga y tediosa presentaci�n del mi�rcoles en La Moncloa ante los medios fue el discurso que S�nchez elabora para su pr�xima campa�a electoral. De ah� su llamamiento a la oposici�n a que se una con �l en un "pacto de Estado" contra el cambio clim�tico. Espa�a unida evitar� que Espa�a se queme del todo. S�nchez no acaba de entender la funci�n de la oposici�n en un r�gimen parlamentario.Ni al m�s inocente en el laberinto de la pol�tica se le escapa que lo del "pacto" es una trampa para acusar al adversario de ser "negacionista", la gran infamia de esta �poca, y poco menos que culpable de los incendios. S�nchez no se molest� en explicar en qu� consistir�a tal acuerdo. Seguramente ni lo ha pensado.El nonato "pacto" no puede menos que ser percibido como una malicia m�s porque S�nchez dijo que no ten�a intenci�n de llamar al presidente del Partido Popular y entablar una conversaci�n con �l sobre el asunto. Por lo dem�s la nota dominante fue el triunfalismo del presidente del Gobierno. Y con ello la desconexi�n de S�nchez con la realidad.Cuando el mayor incendio de la historia ha forzado la evacuaci�n de decenas de miles amenazados por las llamas, nadie quiere que el presidente del Gobierno les cuente que gracias a �l los padres de un reci�n nacido gozan de un extens�simo permiso laboral, que el precio de la electricidad en Espa�a es el m�s bajo de Europa y que el crecimiento anual del PIB supera con creces al de Alemania, al de Francia y al de Italia.�Se cree en La Moncloa que la gente quiere que se les hable de estos logros? Hay dos temas que est�n en la conversaci�n. Uno es que a mitad del actual ejercicio se han multiplicado por seis las hect�reas que fueron achicharradas en 2025. El otro, para que nos entendamos todos, es el de las joyas que Jos� Luis Rodr�guez Zapatero ten�a en la caja fuerte de su despacho.El primero de ellos cuestiona la capacidad del minoritario Gobierno progresista de coalici�n de gestionar las cosas de andar por casa. Las de la seguridad por ejemplo. Sin olvidar los baches, se exige que las v�as del ferrocarril est�n en perfecto estado, que no haya apagones y que los montes de pinares cuenten con cortafuegos limpios de maleza. Es lo de menos.El segundo tema tiene que ver con la probidad del partido gobernante y esto afecta muy directamente a un S�nchez que confi� en Jos� Luis �balos y en Santos Cerd�n. S�nchez dijo que no es el "portavoz" de uno que dio la cara por �l en los m�tines. Sobre este tema la conversaci�n versa sobre aquello de "dime con qui�n andas".S�nchez se va de vacaciones a la real residencia de La Mareta, Lanzarote, ignorando lo que se dice y se palpa en la calle y, a tenor de su "balance", concentrado en el �nico tema que le interesa y que es el de su permanencia en el poder. Se supone que la casa palacio que dise�� el admirado C�sar Manrique, que Hussein de Jordania mand� construir y que regal� a Juan Carlos I quien, a su vez, la cedi� a Patrimonio Nacional, es un lugar id�lico para trazar una campa�a electoral muy desagradable.En cuanto se re�na de nuevo el Congreso de los Diputados, S�nchez presentar� unos Presupuestos expansivos sabiendo perfectamente que ser�n rechazados por la suma de votos del Partido Popular, de Vox y de las derechas nacionalistas. Eso es exactamente lo que espera porque le permitir� acusar a los "enemigos del progreso" de lapidar el Estado de Bienestar.S�nchez podr� anticipar las elecciones convoc�ndolas para finales de este a�o o comienzos del a�o siguiente. O podr� agotar la legislatura lo cual es su opci�n preferida porque demostrar� que no da su brazo a torcer. En realidad da bastante igual porque sea cual sea la fecha electoral el mensaje es el mismo: se han de salvar los Presupuestos del "pueblo".El presidente del Gobierno presume de que su instinto pol�tico es superior al de cualquier adversario. Pero, en v�speras de sus vacaciones se dir�a que ese reflejo le falla. Y, como se sabe bien, la soberbia precede a la ca�da y a m�s orgullo m�s duro ser� ese quebranto.Hubo un tiempo en el que la ilegitimidad del R�gimen se supl�a con la legitimidad del ejercicio. Hoy en la Espa�a que no cuida sus montes, ni eso.
S�nchez y la legitimidad de ejercicio
Al iniciar, como tantos de sus conciudadanos, sus vacaciones anuales, Pedro S�nchez arrastra con creciente penosidad el lastre de la decadencia que acaba con la carrera de todo...












