EditorialEl discurso de Feij�o deja una sensaci�n inevitable de incompletitud, al evitar concretar las reformas que har�an posible la reconstrucci�nEUROPA PRESSActualizado Mi�rcoles,
julio
23:15Audio generado con IAAlberto N��ez Feij�o ha querido cerrar el curso pol�tico proyectando un compromiso s�lido: la alternativa a Pedro S�nchez no puede consistir simplemente en su relevo, sino que debe abordar una aut�ntica reconstrucci�n nacional. El planteamiento responde al momento excepcional que vive Espa�a tras a�os de deterioro institucional, una acumulaci�n in�dita de esc�ndalos de corrupci�n y una creciente erosi�n de la confianza ciudadana en el Estado. El diagn�stico es acertado. La regeneraci�n no vendr� sola, sino con un ambicioso plan de reformas cuyo contenido requiere concreci�n.El l�der del PP se�ala tres grandes ejes: limpieza institucional, reformas de gesti�n y transformaci�n econ�mica. Insiste en que no pretende administrar los �escombros� del sanchismo, sino levantar diques para impedir que vuelva a repetirse un uso partidista de las instituciones, lo cual conecta con una demanda social real de ejemplaridad y de fortalecimiento del Estado de derecho. Tambi�n es pertinente que sit�e entre sus prioridades cuestiones estructurales como la vivienda, la sanidad, las infraestructuras o la productividad, demasiado tiempo desplazadas por una pol�tica absorbida por la polarizaci�n y la supervivencia del Gobierno. Espa�a necesita recuperar una agenda reformista capaz de afrontar desaf�os que seguir�n ah� con independencia de qui�n gobierne.El discurso de Feij�o deja, no obstante, una sensaci�n inevitable de incompletitud. El l�der del PP ha definido los grandes principios de esa reconstrucci�n, pero ha evitado concretar las reformas que la har�an posible. Probablemente responde a una estrategia -aplazar el desarrollo program�tico al inicio del pr�ximo curso-, pero esa decisi�n tambi�n retrasa el debate de fondo sobre c�mo piensa materializar esos objetivos.La magnitud del desaf�o obliga a descender al terreno de las propuestas verificables. La regeneraci�n institucional exigir� reformas legales concretas; la recuperaci�n econ�mica requerir� decisiones dif�ciles sobre gasto, impuestos, productividad y competitividad; y la gesti�n de la inmigraci�n o la vivienda demandar� pol�ticas compatibles con los valores constitucionales y con los compromisos europeos de Espa�a.Feij�o sostiene que el suyo ser�a el Gobierno con la tarea m�s importante desde el de Adolfo Su�rez. La comparaci�n no es menor. Aquella generaci�n no se limit� a sustituir un poder por otro: transform� las reglas del sistema para inaugurar una etapa pol�tica completamente distinta. Si el l�der popular aspira a situarse en ese plano, necesita demostrar en los pr�ximos meses que su promesa de �limpieza total� es mucho m�s que un eslogan y que la reconstrucci�n que propone descansa sobre un proyecto reformista coherente, valiente y modernizador. La gravedad de la crisis que atraviesa nuestro pa�s le coloca ante una responsabilidad hist�rica.









