28/07/2026 a las 09:24h.

La palabra «celibato» designa la condición del célibe, es decir, de la persona que no ha contraído matrimonio. Aquí entran muchas situaciones diferentes: el soltero que desea casarse en el futuro, los novios que están esperando a un ascenso laboral para pasar por el altar, ese que ha rechazado la vida en pareja para atender a un padre dependiente y ese otro que asume el compromiso de no casarse jamás por motivos religiosos. Este último caso es el de los curas católicos.

En España hay 14.994 sacerdotes, tal y como informa la Conferencia Episcopal Española (CEE). Todos ellos son célibes según marca el cánon 277 del Derecho Canónico: «Los clérigos están obligados a observar una continencia perfecta y perpetua por el Reino de los cielos y, por tanto, quedan sujetos a guardar el celibato». No se casan, ni mantienen relaciones de intimidad con mujeres, ni forman familias de sangre.

El protagonista de hoy nos recuerda que el celibato es más que una norma impuesta por la jerarquía o la tradición: es el camino escogido libremente hacia un amor más pleno que el esponsal, el amor de Dios. Por eso el texto continúa explicando que «es un don peculiar de Dios mediante el cual los ministros sagrados pueden unirse más fácilmente a Cristo con un corazón entero y dedicarse con mayor libertad al servicio de Dios y de los hombres».