En camisa de once varasEl p�rroco en Torrej�n de Ardoz (Madrid) acaba de publicar el �lbum ‘All is yours’ (’Todo tuyo’). Antes de los 30 a�os decidi� abandonar un futuro prometedor como arquitecto en Nueva York para entrar en el seminarioActualizado Lunes,

julio

12:24Arquitecto, m�sico, cantante, sacerdote, p�rroco... �Qui�n es Jaime Salmoreno en realidad? Suelo decir, de forma ir�nica, que soy un tipo con suerte, de los que, cuando hace un examen, le cae justo lo que ha estudiado, de los que est�n en el sitio adecuado para que las cosas surjan y te digas a ti mismo ‘no me lo puedo creer’. Mis amigos suelen decir de m� esa frase, ‘tiene una flor...’. He tenido m�s sed de logros de la que me pod�a permitir.�Por qu� lo dice?Porque yo era de los que corr�an hacia adelante, no ve�a. Pensaba que ten�a que buscar metas a�n m�s elevadas o complicadas. Nunca he dejado de trabajar para conseguir mis logros pero, en cuanto los consegu�a, sent�a que no eran suficientes.Con 26 a�os trabajaba como arquitecto en Tribecca, el barrio neoyorkino donde viven las estrellas.Y sent�a que estaba viviendo la vida de otra persona, que todo aquello no era para m�. No es que no lo quisiera, lo quer�a, pero no lo abrazaba completamente y me daba cuenta.Entonces siente la llamada.Estaba en una fiesta, en lo alto de una torre, a las seis de la ma�ana, pregunt�ndome si todo eso era suficiente. D�as m�s tarde fue Mi�rcoles de Ceniza y, por cuestiones de trabajo, no pude ir a misa. As� que fui al d�a siguiente a la iglesia a la que sol�a ir los domingos a cantar jazz con el coro. La imagen que me encontr� era desoladora: incluyendo al cura, �ramos cinco, en una iglesia del Upper West Side, y s�lo uno era nativo; el resto, extranjeros como yo. �Qu� ocurri� para que usted cambiara radicalmente su vida?Sent� fracaso, pens�, ‘madre m�a, esto es la Iglesia’, justo en el momento de la paz. Pero al girarme, de casualidad, mir� el Sagrario, junto al altar, el sacerdote prosegu�a con la ceremonia y yo sent� claramente una presencia que me dec�a ‘�sta es tu casa’. Entend� por qu� algunas frases me hab�an estado quemando por dentro.�Cu�les?"�De qu� me sirve ganar el mundo si pierdo mi alma?", que es una frase del Evangelio. Sent�a que me estaba ganando el mundo pero no encontraba mi lugar. Ahora es mi lema sacerdotal, Marcos, 8, 36. Es una frase que San Ignacio de Loyola le dijo a San Francisco Javier. Yo deseaba comerme el mundo pero �sa no era la cuesti�n, sino si ese mundo era suficiente, y no, no lo era. �C�mo era el Jaime de entonces?Hab�a ganado un premio de arquitectura que me llev� a Sevilla a trabajar con Cruz y Ortiz, los arquitectos del Wanda. Hicimos un proyecto en el Reichsmuseum, que es el museo nacional de Holanda. Luego me fui a Estados Unidos, viv�a en un apartamento muy divertido, como los que se ven en las pel�culas, en Central Park, con gente joven de distintas partes del mundo y unas vistas preciosas, con la ciudadan�a americana en tr�mite...�Sent�a que nada le llenaba?Hab�a partes de m� mismo que no comprend�a: mi forma de estar con los amigos, con las chicas... Yo quer�a estar con todo el mundo pero no ser de nadie. Ahora creo que Dios me dio todo lo que quer�a para que me diera cuenta de que no era lo que necesitaba, y tambi�n que lo que necesitaba �l s� lo conoc�a.Casi dos d�cadas despu�s, aqu� estamos, en su despacho de Madrid.Bueno, es el despacho del p�rroco, y ahora lo uso yo, s�.Acaba de sacar un disco y de cantar ante el Papa Le�n XIV. �Cu�ndo surge su vertiente musical?Cantaba desde peque�o. Con mis hermanos, jug�bamos a hacer concursos de m�sica. Dicen que mi abuelo materno cantaba flamenco, mi padre tocaba la guitarra en un grupo y mi madre tambi�n tiene muy buen o�do. Los tres hermanos cantamos. Con 15 a�os mi madre me regala la guitarra que a�n tengo y, desde entonces, compongo. Es parte del lenguaje que yo hablo, una forma de expresar la realidad que vivo.�C�mo describir�a su m�sica?Hubo canciones de amor en su momento, tambi�n de soledad, de amistad, de sentimientos perdidos... A veces me he enfrentado a Dios porque me molestaba que pusiera en mi coraz�n m�s deseo del que yo pod�a sobrellevar. Otras veces hago canciones de agradecimiento a Dios, o sobre situaciones que les han pasado a amigos y que integro en m�.�Y el salto a lo profesional?Lo hab�a comentado hac�a tiempo con mi director espiritual, y el procedimiento me pareci� adecuado: pod�a cantar pero no promocionar mi m�sica, ni mandarla ni pedir que me escuchen. Hace poco, haciendo una peregrinaci�n a Nazaret, encontr� a un chico cantando en el mirador, me un� a �l y cant� Shalow. Alguien lo grab�, mi madre lo vio, lo colg� en redes sociales y, un par de meses m�s tarde, ten�a propuestas de m�s de 30 productores.�Qu� le dijo su director espiritual?Me dijo que no era algo que hubiera elegido o buscado, hab�a surgido, y me sugiri� cont�rselo al obispo. Yo pens� que me iba a decir que no pero dijo otra cosa: ‘Vamos a estudiarlo’. A los pocos meses, me dijo que si me ofrec�an un contrato pod�amos verlo y, finalmente, lo que no pensaba que fuera a suceder acab� sucediendo, firm� el contrato y, desde entonces, siento que se confirma que estos son caminos de gracia. Luego coincid� con Pablo Cebri�n, que estaba en su momento de conversi�n, y hubo sinergia, tanta que soy su padrino de confirmaci�n. A �l le piden que dirija la m�sica de la vigilia del Papa. Yo no sab�a nada de esto antes de firmar el contrato, ni que iba a venir el Papa, ni que iba a haber vigilia.�Cu�ndo se dio cuenta de que algo hab�a entre Dios y usted?Recuerdo que, en la primera comuni�n, le dije una cosa a mi catequista. Lo recuerdo por su reacci�n, pues me llen� de besos. Le dije que me parec�a algo muy fuerte que alguien tan grande como Dios se acercara a alguien tan peque�ito como yo.�Creci� en una familia religiosa?�bamos a un colegio de curas pero no a la iglesia. Aunque desde peque�o sent�a que ten�a una especie de amigo invisible que quer�a sacar lo mejor de m�. M�s mayor hice una promesa: ‘Si apruebo este examen voy dos meses a misa’. Aprob�, cumpl� la promesa y luego deje de ir. Todo cambia cuando, con 15 a�os, mi hermano, que era catequista, me invita a un campamento de verano. Sucede un progreso en m�, empiezo a percibir a Dios y a entender c�mo habla.