Los campamentos de verano suelen ser una opción muy popular, no solo porque son una salida para la conciliación de los padres, sino también porque ofrecen a los niños entretenimiento, estímulos y aprendizaje. “Ya sean campamentos urbanos o en la naturaleza, permiten a los niños salir de la zona de confort y, ahí, está la zona de aprendizaje. Tienen que buscar su sitio en un nuevo entorno, en un nuevo grupo, hacer nuevas amistades…”, explica José del Saz Pancorbo, psicólogo clínico y neuropsicólogo en Centro Klive, que ensalza la importancia de que los niños tengan espacios fuera del entorno de casa, “donde están protegidos en una burbujita”, y que tengan que buscar otras zonas donde aprender, con otros referentes.Durante todo el año, los niños aprenden, se relacionan y evolucionan, sobre todo en el aula. Sin embargo, las vacaciones también ofrecen oportunidades para adquirir experiencias y aprendizajes diferentes. “En verano los niños salen de su rutina escolar y pueden desarrollar otro tipo de aprendizajes, los más importantes, los sociales”, explica del Saz.El contacto con la naturaleza también es clave, ya que, además, es una cuestión de biología: “El ser humano debe tener un contacto constante con la naturaleza porque, a nivel genético, estamos predispuestos a conectar con ella”, argumenta José del Saz, que sostiene que “cualquier tipo de escapada, campamento o excursión en la naturaleza posibilita que los chavales aprendan muchísimo utilizando el juego”. Además, sus inseparables móviles también pueden ser de ayuda mediante aplicaciones para identificar fauna y flora o realizar gincanas con geolocalización. En este tipo de experiencias, según el psicólogo, los niños desarrollan habilidades sociales, una autoestima positiva y amplían su aprendizaje social.Nicolás Gómez, monitor de ocio y tiempo libre en Madrid, al igual que del Saz, argumenta que los campamentos tienen grandes ventajas para los niños. “En ellos aprenden autonomía y responsabilidad personal, ya que conviven con otros niños de su misma edad y no tienen a sus tutores para organizar sus pertenencias”, asegura. También comenta que los niños aprenden a organizar mejor su tiempo para poder realizar las actividades y se enfrentan a la resolución de conflictos, “ya que, al estar 24 horas al día con otros peques, siempre hay roces entre ellos y deben aprender a buscar soluciones y a negociar”. Además, practican la empatía: “Deben seguir el ritmo de los compañeros, ver las diferencias entre ellos y aceptarlas”. El monitor sostiene que viven la experiencia de tribu, apoyándose entre ellos porque son conscientes de que se necesitan.Hay un miedo frecuente en muchos niños que, según comenta Gómez, logran vencer en estas experiencias: dormir solos, así como el miedo a la oscuridad o a sentirse lejos de sus padres. También aprenden tolerancia a la frustración y a adaptarse.Los campamentos son una buena oportunidad de aprendizaje, pero no son imprescindibles. El verano y las vacaciones también son un momento perfecto para fomentar la capacidad de asombro de los niños. “Ver lo inmenso que es el mundo, descubrir cosas que no suelen formar parte de su día a día, contemplar un atardecer, un cielo sin contaminación lumínica o animales en libertad...” son experiencias que enriquecen su desarrollo, explica Gómez. “Un simple fin de semana en casa, con actividades y retos planteados a través del juego, ya es suficiente para que aprendan cosas nuevas”, asegura. También una excursión a la playa o al campo en la que sean ellos quienes preparen su mochila y aprendan a organizarse.Jugar con los amigos del barrio, con los primos o con los vecinos también forma parte de ese aprendizaje. Además, como defiende del Saz, “podemos montarles juegos en la playa y ofrecerles planes adaptados a ellos”. Muchas veces nos preocupamos más de con quién dejar a los niños que de cómo aprovechar el tiempo de calidad que las vacaciones nos ofrecen para llenar su mochila de recuerdos, experiencias y vivencias.Para del Saz también es importante mantener cierta rutina durante el verano. “No tan exigente como durante el curso, pero deben tener una hora para levantarse, un espacio para el juego o la lectura, leer algo que les divierta o incluso disponer de un tiempo para los videojuegos”, siempre de forma organizada y limitada. El experto advierte de que “los chavales pasan demasiado tiempo en casa y lo ocupan todo con los videojuegos, el móvil o Netflix, y eso altera totalmente su capacidad de aprendizaje y su forma de relacionarse con el mundo”. Mantener unos hábitos básicos facilita, además, la vuelta al colegio en septiembre.Las vacaciones también son un buen momento para que participen en las tareas del hogar. “Pueden mantener su habitación recogida, asumir un par de responsabilidades en casa y, si las cumplen, ganar un plan especial, como ir a la piscina, hacer una excursión o visitar un parque de atracciones”, propone el psicólogo.
Qué gana un niño cuando pasa unos días lejos de casa
Los campamentos de verano ayudan a desarrollar la autonomía, la responsabilidad, la convivencia o la tolerancia a la frustración, pero no son la única forma de que los niños aprendan durante las vacaciones









